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Cricket Australia y la inversión privada en la BBL: ¿oportunidad o traba?

La ambición de Cricket Australia choca con las dudas de la IPL: ¿oportunidad de oro o negocio imposible?

Cricket Australia (CA) ha abierto la puerta que durante años mantuvo cerrada: permitirá inversión privada en algunas franquicias de la Big Bash League (BBL). Sobre el papel, un movimiento histórico. En los despachos de la Indian Premier League (IPL), las antenas se han activado de inmediato. Pero el entusiasmo, por ahora, está lejos de ser desbordante.

CA confirmó a Cricbuzz que ya ha recibido expresiones de interés de propietarios de franquicias de la IPL y de otros inversores indios. Nada de nombres, nada de detalles. Solo la certeza de que los “habituales sospechosos” del ecosistema IPL están mirando de cerca. Contactados, ninguno quiso confirmar públicamente su intención de entrar en el negocio australiano. Silencio calculado.

Un “billion-dollar opportunity” con letra pequeña

Para pilotar el proceso, CA se ha apoyado en The Raine Group, el banco de inversión estadounidense que orquestó la venta multimillonaria de las franquicias de The Hundred en Inglaterra. Esa operación explica en buena medida el tono ambicioso del CEO Todd Greenberg, que ha llegado a calificar la privatización de la BBL como una “billion-dollar opportunity” para el cricket australiano.

El eslogan suena potente. Las condiciones, bastante menos.

De entrada, solo los Melbourne Renegades están disponibles para una adquisición del 100 %, en una operación supervisada directamente por CA y no por Cricket Victoria. La venta debería cerrarse antes de Navidad. El problema: el comprador no heredará una base de aficionados consolidada. Tendrá que levantar una marca desde cero en un mercado ya saturado de identidades y lealtades.

El resto del mapa es aún más restrictivo. Hobart Hurricanes y Perth Scorchers serían los siguientes en salir al mercado, pero con un límite: solo se podrá comprar hasta el 49 % de la franquicia. WACA todavía debe reunir a su asamblea para definir postura sobre la desinversión, un asunto interno, sí, pero que marca el tono: el control no se suelta fácilmente en Australia.

Y ahí choca la cultura IPL con el modelo CA. Las franquicias indias, acostumbradas a mandar, ven un muro.

El propio presidente de CA, Mike Baird, lo dejó claro: “CA y sus miembros mantendrán el control sobre los aspectos más significativos de las operaciones del cricket australiano, incluyendo la programación internacional, la disponibilidad de jugadores, los topes salariales de la Big Bash League, las propuestas de marca, así como el precio de reserva de las licencias y la aprobación de inversores”. Traducción: el dinero puede entrar, el poder no.

Un ecosistema de franquicias que juega con otras reglas

El contraste con otros torneos es evidente. En SA20, ILT20, CPL e incluso en la MLC, los grupos de la IPL tienen propiedad total de sus franquicias. El modelo inglés de The Hundred es algo distinto, pero igual de atractivo en términos de control deportivo.

El Sun Group, dueño de Sunrisers Hyderabad, posee el 100 % de Sunrisers Leeds. El grupo RPSG de Sanjiv Goenka, propietario de Lucknow Super Giants, controla el 70 % de Manchester Super Giants. Reliance (MI) y GMR (DC) tienen cada uno el 49 % de MI London y Southern Brave, pero ejercen el control operativo. Mandan en el día a día, que es lo que más les importa.

GMR, además, es dueño de Hampshire County. No es un actor menor. Sus ejecutivos ya habían tanteado algo aún más ambicioso: invertir en Sydney y en Cricket New South Wales (NSW), una información adelantada por Cricbuzz en enero de 2025. Durante el quinto y último Test de la BGT, representantes del grupo estuvieron en Sydney para explorar una colaboración con Cricket NSW.

La respuesta, por ahora, es fría. Cricket NSW se opone a la entrada de capital privado y, según se desprende, podría incluso negarse a volver a nominar a Baird para la presidencia de CA. La brecha interna es evidente: Baird defiende la presencia de inversores en la BBL; Cricket NSW, no. Pero esas tensiones institucionales no son lo que más preocupa a los propietarios de la IPL.

Ellos miran otra cosa: números, ventanas de calendario, estrellas disponibles, derechos de televisión, logística y el peso del sindicato de jugadores.

Estrellas a medias, calendario lleno

El gran atractivo de cualquier liga de franquicias son sus figuras. En eso, la BBL arranca con desventaja.

El England and Wales Cricket Board (ECB) blindó una ventana limpia para The Hundred, sin choques con el calendario internacional. CA no está dispuesto a hacer lo mismo. Tradicionalmente, la BBL convive con el cricket internacional en Australia. Dos competiciones, un mismo periodo. Resultado: ninguna garantía de que las grandes figuras australianas jueguen de forma regular la BBL.

El caso de Pat Cummins es demoledor. Desde 2016 ha disputado apenas siete partidos de BBL. En ese mismo periodo, suma 76 encuentros en la IPL. En India, el mensaje es otro. El Board of Control for Cricket in India (BCCI) asegura la presencia de todos los jugadores contratados y de las grandes estrellas en la IPL. MS Dhoni (149 partidos), Virat Kohli (160), Rohit Sharma (153) y Jasprit Bumrah (141) casi no han faltado a un solo choque en esos años.

Esa fiabilidad es oro para un inversor. En Australia, de momento, es una incógnita.

La situación con los internacionales tampoco ayuda. No existe claridad sobre su disponibilidad para la BBL, un punto no negociable para los dueños de la IPL. A eso se suma un factor muy concreto: impuestos. La carga fiscal en Australia es sensiblemente más alta que en ligas rivales como las de Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos o Bangladesh, que se disputan en las mismas fechas. Para muchos jugadores, la ecuación es simple: más dinero neto y menos incertidumbre en otros destinos.

Distancias largas, viajes pesados

Otro obstáculo no menor: la geografía.

Un desplazamiento a Perth puede suponer entre cinco y seis horas de viaje para un equipo. En Sudáfrica, donde las franquicias de la IPL controlan las seis plazas de la SA20, el trayecto más largo entre sedes apenas supera las dos horas. En Inglaterra, Emiratos o el Caribe, las distancias son incluso más amables.

El impacto no es solo físico. Más horas de vuelo significan más costes, más desgaste, más planificación. Para un grupo que ya opera en varias ligas, cada fricción logística pesa.

Derechos de TV y el peso del sindicato

El otro gran frente es el audiovisual. CA se encuentra en pleno ciclo de un contrato de siete años por los derechos de televisión, del que solo han transcurrido tres. No hay horizonte inmediato de renegociación, ni margen claro para que un nuevo inversor pueda influir en la próxima subasta o revalorización.

Los propietarios de la IPL analizan también con lupa la influencia de la Australian Cricketers Association (ACA). El sindicato de jugadores tiene un peso considerable en las decisiones estructurales del cricket australiano. Para un inversor que busca flexibilidad y margen de maniobra, otro actor fuerte en la mesa es un factor de riesgo.

Un negocio que da dinero… pero con candados

No todo son señales de alarma. Los informes internos apuntan a que la mayoría de las franquicias de la BBL ya generan beneficios. Ese dato explica, en parte, por qué dentro de CA no hay consenso sobre la necesidad de abrirse al capital privado. Cuando el negocio funciona, las resistencias a compartirlo se multiplican.

Los grupos de la IPL, presentes prácticamente en todas las grandes ligas de franquicias del mundo —con la excepción notable de la Pakistan Super League y, de momento, la propia BBL—, toman nota. Un torneo rentable, en un mercado maduro, con potencial de crecimiento en derechos y comercialización, siempre resulta tentador.

El problema no es el producto. Es el marco.

Un dirigente vinculado a la IPL resumió el sentir general con una frase contundente: “El ECB fue difícil; CA es cinco veces más duro para negociar”. No es una hipérbole aislada. Es la sensación instalada en varios despachos en India.

Cricket Australia sueña con convertir la BBL en un proyecto de miles de millones. La cuestión es si está dispuesto a ceder lo suficiente para que quienes suelen escribir esos cheques gigantes vean algo más que una bonita presentación de PowerPoint. Porque el dinero de la IPL está listo para moverse. Lo que falta saber es si, con estas reglas, merece la pena hacerlo hacia Australia.