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Cliff brilla en Headingley y mantiene a Yorkshire en la pelea por el título

La pelota mandó en Headingley. Y mandó con mano de hierro. En el arranque de un choque clave por el título, Somerset y Yorkshire se enzarzaron en un primer día áspero, cambiante, de esos que dejan las manos manchadas de costra de tanto agarrar el bate… y casi no ver correr el marcador.

Yorkshire cayó por 212. Somerset respondió con 68-5. Y, aun así, nada parece decidido.

Bairstow sostiene a Yorkshire entre el caos

En un campo usado, con la bola mordiendo desde el primer tramo, el inicio fue un pequeño suplicio para los bateadores locales. La mañana, recortada por la lluvia, dejó a Yorkshire en 77-4 tras 25 overs, con la sensación de que cada error se pagaba al contado.

Lewis Gregory, capitán y líder del ataque de Somerset, marcó territorio muy pronto. Perdió el sorteo, pero no el pulso. Atacó demasiado lleno al principio, permitió que Yorkshire respirara unos minutos, pero en cuanto ajustó la longitud el partido cambió de tono. Adam Lyth y Will Luxton cayeron en el cordón de slips, ambos cazados mientras tanteaban el balón, por 11 y 22. Jake Ball hizo que Sam Whiteman se arrastrara la bola a los stumps. Luego llegó un run out cruel: Matthew Revis, fulminado por un directo de Josh Thomas desde mid-wicket tras una llamada ambiciosa de James Wharton.

A 85-5, el marcador enseñaba los dientes. El partido olía a hundimiento. Entonces apareció Jonny Bairstow.

El capitán de Yorkshire, con ese aire de hombre acostumbrado a tormentas mayores, se plantó. No fue una entrada perfecta: Somerset le dio dos vidas antes de los 50, pero Bairstow no desaprovechó el indulto. Atacó cuando pudo, se defendió cuando tocaba. Terminó con 79 de 111 bolas, el tipo de innings que no luce deslumbrante en una hoja de estadísticas, pero que sostiene un vestuario entero.

A su lado, George Hill aportó mucho más que un simple apoyo. Sus 45 carreras tuvieron peso, ritmo, carácter. Ambos firmaron una asociación de 83 para el sexto wicket que cambió el tono de la tarde. Hill incluso se permitió un all-run four hacia wide long-on, símbolo de un esfuerzo a pulmón, corriendo cada metro.

Hill ya se había ganado respeto con la bola en temporadas anteriores; este verano ha unido a eso una madurez con el bate y una presencia en slips que empieza a exigir atención a nivel de Test. En Headingley volvió a dejar tarjeta de visita.

Mientras Bairstow castigaba el drive ante el seam y jugaba sweep y reverse sweep con autoridad frente al spin zurdo de Jack Leach, Yorkshire se acercó a un total respetable. El capitán alcanzó su medio siglo en 74 bolas y llevó a los suyos hasta 160-5. El ambiente, por primera vez en el día, dejó de ser de emergencia.

El respiro duró poco.

Pretorius y Gregory rematan, pero no cierran la puerta

El golpe llegó en un parpadeo. Migael Pretorius, el seamer sudafricano, olió sangre y atacó. Hill y Dom Bess cayeron seguidos, ambos atrapados detrás del wicket en bolas consecutivas. De 160-5 a 168-7 en el over 53. El zarpazo dejó otra vez a Yorkshire tambaleando.

Tras el té, Ball se encargó de Kuldeep Yadav, cazado también detrás. Bairstow, aún empeñado en exprimir cada carrera, llevó el total más allá de los 200, pero terminó topándose con el fielder en long-off, otra vez ante Pretorius. El propio sudafricano vio luego cómo Ball hacía que Ben Cliff cayera en short midwicket para cerrar la entrada en 212.

Gregory firmó 3-46 en 18 overs, Pretorius 3-51. Entre ambos, y el apoyo de Ball, habían hecho su parte. En teoría, Somerset tenía el partido donde lo quería: Yorkshire por debajo de 250 en un campo difícil, título en juego, presión sobre un rival de mitad de tabla. En teoría.

En la práctica, el nuevo balón cambió el guion.

Cliff golpea y Somerset se tambalea

Ben Coad abrió la puerta. Tom Lammonby, cazado en first slip. 11-1. Un aviso.

Luego llegó Cliff.

El joven quick de Yorkshire, aún sin un gran historial en red-ball cricket, olió el momento. Con el balón nuevo en la mano y el viento de Headingley en la espalda, encontró ritmo y longitud. Josh Thomas cayó lbw. 11-2. El ambiente se encendió.

Archie Vaughan, observado desde la grada por su padre Michael, respondió con carácter: un pull para seis ante Cliff, gesto de desafío y talento. Pero la respuesta del seamer fue inmediata. Le derribó los stumps y, en la siguiente bola, atrapó a Tom Abell detrás. Dos wickets en dos entregas. Somerset, de repente, 24-4.

El líder de la tabla, en plena carrera por un título histórico, se veía atrapado en una trampa que no esperaba. Cada bola levantaba un murmullo. Cada defensa, un suspiro. La sensación de que el partido se estaba jugando al filo del cuchillo se hizo evidente.

Hill volvió a aparecer, esta vez con los guantes imaginarios en first slip. Henry Nicholls tocó, Revis provocó, y Hill voló a su derecha para atrapar con una sola mano. Una de esas recepciones que cambian vestuarios. Somerset caía a 55-5. El marcador, de pronto, se parecía más a un aviso que a un simple parcial.

Cliff cerró el día con 3-31, su primera vez con tres wickets en una entrada de red-ball. Un dato frío para una tarde caliente.

Un título en juego y un día dos cargado de tensión

Cuando cayó el último over, James Rew se marchó al vestuario con 17* y Craig Overton con 7*. Somerset, 68-5 tras 28 overs, todavía 144 carreras por detrás de Yorkshire. La tabla dice que los de Gregory llegan a las dos últimas semanas del campeonato con una ligera ventaja sobre Nottinghamshire y Warwickshire. El campo, en cambio, cuenta otra historia: cualquiera puede caer aquí.

Headingley ha visto muchas remontadas, muchos hundimientos y no pocos títulos decidirse en silencios largos entre bola y bola. Este partido, con un líder tambaleante y un Yorkshire sin nada que perder salvo el orgullo, apunta a añadirse a esa lista.

La pregunta es simple y brutal: ¿resistirá Somerset la presión de su propio sueño de campeonato cuando la bola vuelva a morder mañana?