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El Chelsea de Xabi Alonso se desmorona tras la baja de Joao Pedro

El Chelsea viajó a Brentford con una vieja herida y una nueva preocupación. La primera, la defensa. La segunda, el gol. Sin Joao Pedro, lesionado de la rodilla, el equipo que había vivido de la brillantez individual de su ataque se quedó sin filo y volvió a exhibir todas sus grietas atrás: 3-0 y sensación de derrumbe.

Un ataque sin su faro

La baja de Joao Pedro alteró por completo el plan de Alonso. El brasileño no solo llegaba al fin de semana como el jugador con más participaciones de gol en la Premier League —tres tantos y tres asistencias en cuatro partidos—, también era el enlace perfecto con Cole Palmer y el fichaje récord del club, Morgan Rogers, por 117 millones de libras.

En Brentford, esa sociedad desapareció. Danny Welbeck, fichado este verano también desde Brighton para repetir fórmula y asociarse con Joao Pedro, ocupó su lugar en punta. Ordenado con balón, sí. Pero inocuo. Apenas 17 toques antes de marcharse sustituido en el minuto 71, ahogado por la falta de servicio y sin la capacidad de generarse ocasiones que sí tiene el brasileño.

Rogers, mientras tanto, firmó probablemente su actuación más discreta desde que llegó procedente de Aston Villa. Sin Joao Pedro a su alrededor, perdió socios, espacios y peso en el partido. Acabó actuando como referencia ofensiva, obligado por la lesión de Emmanuel Emegha, que aún espera su debut con el Chelsea.

Hasta el minuto 61, el duelo fue un tira y afloja. Parecía uno de esos partidos que se decide por el primer detalle. Lo fue. Pero a partir de ahí, el Chelsea se vino abajo.

El gol que abrió la grieta

Jaidon Anthony adelantó al Brentford con un cabezazo sencillo en un córner. Otra vez un balón parado. Otra vez la misma historia. Ese tanto no solo rompió el equilibrio: desnudó la fragilidad emocional de un equipo que, en cuanto se ve por detrás, se descompone.

Desde ese 1-0, el Chelsea se evaporó. El 3-0 final fue la consecuencia lógica de un equipo que dejó de competir tras encajar el primer golpe. El marcador, duro, no engaña. Lo preocupante es la forma.

En este arranque de temporada, el Chelsea había sobrevivido a base de talento ofensivo, superando a los rivales a golpes de inspiración. Esa vía parece agotarse. Ahora ni marca con facilidad ni sabe sufrir cuando no domina.

Una defensa sin respuestas

Los números son demoledores: 12 goles encajados, más que cualquier otro equipo de la Premier League, aunque con un partido más disputado que el resto. Alonso se ha convertido en el sexto técnico que recibe dos o más goles en cada uno de sus primeros cinco encuentros en la competición. No es una anécdota. Es una tendencia.

La urgencia es evidente: el Chelsea tiene que dejar de conceder. Algunas carencias vienen del pasado, pero el nuevo entrenador no ha logrado aún dotar al equipo de una estructura reconocible. No hay patrón claro, no hay automatismos, no hay sensación de control.

Alonso ha probado sistemas, piezas y fórmulas. Ha repartido 11 debuts desde que arrancó la campaña. En Brentford dio otros dos: Mahdi Nicoll-Jazuli, que se convirtió con 16 años en el jugador más joven del Chelsea en debutar en Premier League, y Jordan Henderson, 36 años, estrenándose ante su antiguo club. La mezcla de juventud extrema y veteranía contrastada no ha encontrado todavía un punto medio competitivo.

El balón parado es el síntoma más evidente. Desde el inicio de la pasada temporada, el Chelsea ha encajado 23 goles a balón parado. Ningún otro equipo de la Premier League ha recibido tantos. El cabezazo de Anthony desde el córner elevó a cinco los tantos encajados por esta vía solo en este curso.

Hace dos años, el club contrató a Bernardo Cueva desde el propio Brentford para reforzar precisamente esta faceta. Este verano, le sustituyó otro especialista de prestigio, Austin MacPhee. El resultado, de momento, no ha cambiado.

Levi Colwill, capitán circunstancial, no se escondió ante las cámaras de Sky Sports: “No es suficiente. A veces nos han intimidado en el área y definitivamente tenemos que mejorar. Confiamos plenamente en nuestro entrenador de estrategia a balón parado y aún nos estamos adaptando a las nuevas ideas, pero tenemos que mejorar como equipo”. El diagnóstico desde dentro coincide con lo que se ve fuera: el Chelsea se siente vulnerable en cada córner, en cada falta lateral.

Más veteranía, mismos problemas

Durante meses se señaló la juventud de la plantilla como origen de los altibajos anímicos del equipo. Ante el Brentford, esa coartada se cayó. El Chelsea alineó su once inicial más veterano desde mayo de 2023. Henderson compartió once con otros treintañeros como Welbeck y el guardameta Emiliano Martínez. Ni la experiencia ni las cicatrices de tantos partidos de élite evitaron la desconexión tras el 1-0.

Alonso lo reconoció después del encuentro: “Hemos bajado nuestra consistencia y nuestra mentalidad competitiva en la segunda parte. Sabemos que los pequeños detalles pueden ser decisivos”. Esos pequeños detalles, hoy, se han convertido en un problema grande.

El técnico español insiste en que no se trata de buscar excusas. “Tenemos que mirarnos a nosotros mismos y saber que tenemos que trabajar y mejorar porque todavía queda un largo camino”, declaró también a Sky Sports. Pero el margen de maniobra, aunque amplio en el calendario, se estrecha en cuanto a paciencia y credibilidad.

Tres semanas para reaccionar

Tras el arranque ilusionante, con victorias y un fútbol ofensivo que devolvió cierta alegría a Stamford Bridge, el Chelsea llega al parón internacional lleno de dudas. El equipo ya no arrolla en ataque y sigue sin sostenerse atrás. El plan de Alonso, de momento, vive más de ideas sueltas que de una estructura consolidada.

Tres semanas sin competir darán tiempo para entrenar, ajustar y decidir. También para que el ruido crezca si las respuestas no aparecen. Porque los datos ya han marcado la línea roja: un equipo que encaja tanto, que se derrumba tras el primer golpe y que depende en exceso del talento de Joao Pedro, difícilmente puede aspirar a algo grande en esta Premier League.

La próxima vez que el Chelsea salte al césped, la pregunta será inevitable: ¿habrá encontrado por fin Xabi Alonso la forma de que su equipo deje de ser tan fácil de romper?