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Chelsea logra una remontada épica ante Leeds en la Carabao Cup

Durante 45 minutos, Stamford Bridge fue un murmullo incómodo. Chelsea, con nueve cambios respecto a la derrota del fin de semana ante Arsenal, se desangraba en una Carabao Cup que amenazaba con convertirse en un bochorno. El experimento de Xabi Alonso rozaba el desastre.

Leeds olió el miedo y golpeó sin piedad. El equipo visitante se encontró con un Chelsea deshilachado, sin sincronía ni colmillo, y Tarik Muharemovic aprovechó el caos para adelantar a los suyos antes del descanso. 0-1 y sensación de que podía caer algo peor.

La segunda parte comenzó como un mazazo para los locales. Brenden Aaronson, muy vivo entre líneas, dobló la ventaja de Leeds poco después de la reanudación. 0-2, silbidos, caras largas en la grada. Chelsea estaba a un paso de una eliminación sonrojante ante un rival que no perdonaba cada desajuste defensivo.

Ahí reaccionó Alonso. Sin rodeos. Cuatro cambios al descanso, un mensaje claro a su banquillo y a sí mismo. El partido cambió de tono en cuestión de minutos.

Cole Palmer tomó el mando. Primero, desde el punto de penalti, recortó distancias con frialdad. Dos minutos después, volvió a aparecer para firmar el empate y encender Stamford Bridge. La inercia se dio la vuelta de forma brutal. Leeds, que hasta entonces había manejado el guion, empezó a tambalearse.

El golpe definitivo llegó con Pedro Neto. En plena avalancha azul, el atacante culminó la remontada con el 3-2, completando un giro de 6 minutos que transformó un drama en una noche de locura. Del miedo a la euforia en un suspiro.

Chelsea ya olía sangre. Morgan Rogers, que entró desde el banquillo, empezó a castigar cada espacio. De sus botas nació el 4-2, servido a Danny Welbeck, que no perdonó y amplió una ventaja que apenas unos minutos antes parecía ciencia ficción.

Leeds aún se resistió a morir. Dominic Calvert-Lewin apareció para devolver algo de esperanza a los visitantes y poner el 4-3, recordando a Chelsea que su fragilidad defensiva seguía ahí, latente, dispuesta a estropear la fiesta.

Pero esta vez el vendaval ofensivo fue demasiado. Valentin Barco, en una noche que no olvidará, firmó su primer gol con la camiseta de Chelsea para poner el 5-3 y devolver el control a los de Alonso. En el tramo final, de nuevo Welbeck cerró la cuenta con su segundo tanto, 6-3, para rubricar una remontada tan espectacular como caótica.

Rogers, con tres asistencias saliendo desde el banquillo, se convirtió en una de las grandes claves del vendaval del segundo tiempo. Su impacto subrayó la diferencia entre el Chelsea plano del primer acto y el equipo desatado que arrasó tras el descanso.

Cuando todo terminó, Alonso no buscó excusas ni escudos. No señaló a los suyos, se señaló a sí mismo. El técnico español asumió el peso de una primera parte que dejó al equipo al borde del precipicio.

«Asumo la responsabilidad. No hay ningún jugador al que culpar, es una decisión que tomamos», admitió tras el encuentro.

Reconoció que la rotación masiva había dejado al equipo expuesto: poco trabajo conjunto, automatismos rotos, un grupo de jugadores con pocos minutos obligados a competir a máxima intensidad.

El entrenador fue más allá, consciente de que la noche, pese al resultado, dejaba deberes. «Haré una valoración más profunda sobre cómo puedo ayudar a los jugadores que no juegan tanto a tener un mejor impacto, a tener mejores sensaciones», explicó. «Hoy fue difícil para ellos. Quizá se lo puse demasiado difícil. Pero hay que reaccionar y tomar decisiones. El impacto de los que entraron fue bueno. Tengo que asumir mi culpa y mi responsabilidad».

La victoria, tan brillante en ataque como inquietante atrás, reabre un debate incómodo: la profundidad real de la plantilla. Chelsea ha incorporado diez fichajes de primer nivel en el último mercado, pero su segunda unidad se mostró frágil, blanda sin balón y muy lejos del estándar que exige pelear por títulos.

Alonso, sin embargo, rechazó la lectura más pesimista. No quiso convertir el partido en una acusación pública hacia los suplentes. «Prefiero no adoptar esa visión cínica», zanjó. «Sé que probablemente no he tomado las decisiones adecuadas para que ellos puedan mostrar su mejor nivel. Es algo que voy a analizar y del que voy a aprender».

Chelsea sigue vivo en la Carabao Cup, pero el marcador esconde tantas advertencias como motivos para celebrar. La reacción fue de equipo grande. El susto inicial, de proyecto aún en construcción. La cuestión es qué versión prevalecerá cuando los partidos ya no permitan una remontada en seis minutos.