Cathy Engelbert finaliza su era en la WNBA
Cathy Engelbert se bajará del despacho más poderoso del baloncesto femenino al cierre de este año. La primera comisionada en la historia de la WNBA dejará el cargo tras más de siete años al frente de una liga que, bajo su mando, dejó de ser un producto infravalorado para convertirse en un negocio en plena ebullición.
El anuncio lo hizo el comisionado de la NBA, Adam Silver, subrayando el peso de su mandato: según el comunicado oficial de la WNBA, calificó este periodo como “el más significativo de crecimiento en los 30 años de historia de la liga” y agradeció su liderazgo y compromiso con el avance del baloncesto femenino.
Engelbert, con más de cuatro décadas de trayectoria en el mundo empresarial, explicó su decisión en un comunicado claro y directo: tras más de siete años en la WNBA y más de 40 en los negocios, ha decidido retirarse como comisionada. Recordó su llegada en 2019, cuando fue nombrada primera comisionada de la liga, heredando una competición con “enorme potencial”, pero con poca visibilidad y un claro problema de infravaloración.
Ese contexto hace todavía más llamativo el punto en el que se marcha.
De 12 a 18 franquicias y un negocio en plena subida
El legado tangible de Engelbert se ve en el mapa de la liga. Bajo su gestión, la WNBA pasó de 12 a 18 equipos, un salto estructural que habla de ambición y de confianza del mercado. No es solo expansión geográfica: es señal de que el producto se vende, interesa y genera valor.
La propia liga destacó que, con Engelbert al mando, las audiencias crecieron y se alcanzaron máximos históricos en casi todos los frentes digitales: interacción en redes, suscriptores de League Pass, asistencia a los pabellones, venta de merchandising, ingresos por patrocinios corporativos y valoración económica de las franquicias. El paquete completo.
Todo ello, pese a que la comisionada ha recibido críticas constantes por un punto muy concreto: la sensación de que la WNBA no ha explotado al máximo la figura de sus grandes estrellas, con Caitlin Clark en el centro del debate. Esa tensión entre crecimiento global y marketing individual ha marcado buena parte de las conversaciones alrededor de la liga en los últimos meses.
Una temporada caliente y un adiós medido
El momento de su retirada no llega en un vacío. La WNBA vive un año cargado de ruido extradeportivo, con las declaraciones de Sophie Cunningham sobre atletas trans en el deporte femenino y la discusión permanente sobre el trato que recibe Caitlin Clark como telón de fondo. Esas polémicas han dominado el relato de la temporada y han puesto a la liga bajo un foco más intenso que nunca.
En medio de ese clima, Engelbert opta por una salida en tono sereno. Asegura que se va con gratitud y con la convicción de que deja algo “más grande, más fuerte y más duradero” de lo que muchos podían imaginar cuando asumió el cargo. En su mensaje tuvo palabras de agradecimiento para propietarios de la WNBA y la NBA, personal de las ligas, jugadoras, inversores, aficionados y el equipo de la oficina central, a quienes atribuye haber creído en lo que esta competición podía llegar a ser.
Su conclusión es clara: se marcha con “inmensa gratitud” y “tremendo optimismo” por el futuro de la WNBA, convencida de que “lo mejor está por venir”.
La revolución del calendario y la Copa de la Comisionada
El cambio no ha sido solo económico o de imagen. Engelbert también tocó la esencia competitiva de la liga. En 2021 introdujo la Commissioner's Cup, un torneo dentro de la temporada regular que añadió un nuevo nivel de tensión y premios en plena campaña, un guiño al modelo de copas que triunfa en otros deportes y mercados.
El calendario también se estiró. Para 2025, la WNBA amplió la temporada regular a 44 partidos, con un plan ya trazado para alcanzar un máximo histórico de 50 encuentros en 2027. Más fechas, más ventanas de exposición, más producto para televisiones y aficionados. Más exigencia para las jugadoras, pero también más oportunidades para que la liga se consolide en la agenda deportiva.
Un vacío en el puesto clave y una pregunta abierta
Engelbert, 61 años, se va en la cresta de una ola que ella misma ayudó a levantar. No hay todavía nombre para su reemplazo. No hay hoja de ruta pública sobre el perfil que se busca. Solo un listón muy alto y una liga en plena transformación.
Quien tome el relevo heredará una competición más grande, más visible y más valiosa que la que encontró Engelbert en 2019, pero también un ecosistema más exigente, más politizado y con estrellas que reclaman un foco aún mayor.
La WNBA ha cambiado de dimensión. La incógnita ahora es quién se atreverá a dirigir el siguiente salto.






