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Casper Ruud se retira del US Open por lesión

El US Open amaneció con una ausencia que cambia el cuadro masculino y deja un interrogante mayúsculo sobre la temporada de 2026: Casper Ruud, número 20 del mundo y ex número 2, se retiró del torneo por una persistente lesión en la espalda baja. Su duelo de primera ronda ante Juan Manuel Cerúndolo quedó tachado de la orden de juego del domingo. En su lugar entra el lucky loser Arthur Gea.

No es una decisión aislada ni un susto de última hora. Es el desenlace de una gira norteamericana que se fue torciendo día a día y que ahora amenaza con ir más allá de Nueva York.

De Cincinnati a Nueva York: una espalda que no da tregua

El origen del problema se remonta a Cincinnati, el 16 de agosto. Ruud dominaba a Christopher O’Connell, 5-2 arriba en el primer set, cuando el cuerpo dijo basta. Tiempo médico por dolor en la parte baja de la espalda, set perdido 7-5, y retirada con 1-2 en el segundo, según detalló el diario francés L’Équipe.

Un día antes ya había sentido el aviso. “Me dañé la espalda en un entrenamiento el día anterior”, escribió entonces en Instagram, explicando que no podía moverse con libertad. Esa frase, que sonó a precaución en plena gira, hoy se lee como la primera línea de un parte mucho más serio.

La televisión noruega NRK informó que las molestias reaparecieron a mediados de agosto y nunca terminaron de irse. El domingo, el torneo confirmó lo que el orden de juego ya dejaba entrever: Ruud desaparecía del cuadro individual.

Lo sorprendente es que la espalda le permitió competir en dobles mixto en Flushing Meadows. Junto a Diana Shnaider, derrotó en primera ronda a Jessica Pegula y Taylor Fritz, para caer después en un ajustado duelo de cuartos ante Mirra Andreeva y Andrey Rublev. Una participación que, vista con perspectiva, fue casi un último experimento para medir hasta dónde aguantaba el cuerpo.

Shnaider, de hecho, fue una pareja improvisada. Iga Swiatek se había bajado del torneo de mixtos para descansar, y Ruud encontró en la rusa una aliada de emergencia. El cuerpo respondió a medias: suficiente para dobles, insuficiente para la brutal exigencia del cuadro individual.

El 27 de agosto llegó el siguiente aviso serio. En una sesión de entrenamiento con Tomás Martín Etcheverry, Ruud tuvo que cortar la práctica tras unos 50 minutos. Las imágenes lo mostraban incómodo, limitado. Un post en redes sociales, citado por el periodista Richie Mills de Tennis365, fue contundente: no podía sacar y hasta los golpes de fondo le provocaban “un dolor considerable”. A partir de ahí, la retirada dejó de ser una posibilidad remota y se convirtió en un escenario casi inevitable.

Un cuadro que se abre y un ranking que ya no protege

Ruud aterrizaba en Nueva York como cabeza de serie número 19, encuadrado en el mismo cuarto del cuadro que Alexander Zverev, según el rastreador de lesiones de RotoWire. Su clasificación actual, número 20 del mundo, reflejada por ESPN esta semana, ya marcaba la caída desde las alturas que alcanzó no hace tanto.

El noruego tocó techo el 12 de septiembre de 2022, cuando se situó número 2 del ranking tras disputar la final del US Open. Desde septiembre de 2021 hasta noviembre de 2023 encadenó 113 semanas consecutivas en el top 10, una racha que lo consolidó como uno de los pilares del circuito. Hoy, la foto es muy distinta: fuera del top 10, sin títulos en 2026 y con el cuerpo lanzando señales de alarma.

Nacido el 22 de diciembre de 1998 en Oslo, profesional desde 2015 y entrenado por su padre, Christian Ruud, Casper es mucho más que un buen jugador para su país. Es el pionero absoluto: el noruego mejor clasificado de la historia, el primer hombre de Noruega en ganar un título ATP, en disputar una final de Grand Slam y en clasificarse para las ATP Finals, según su ficha oficial del US Open.

Su palmarés habla de un especialista feroz en tierra batida: 14 títulos ATP, 12 sobre arcilla, con la joya de la corona en el Masters de Madrid del año pasado. Pero también de un cuerpo que empieza a acumular episodios preocupantes, aunque aún lejos de un historial crónico. Un esguince de tobillo lo sacó del Australian Open 2022, y una dolorosa rodilla izquierda lo lastró en su derrota ante Nuno Borges en Roland Garros 2025. Ahora, la espalda se suma a la lista con una gravedad distinta: amenaza con condicionar el calendario entero.

Del golpe a Djokovic al laberinto del presente

El contraste con sus noches grandes es brutal. No hace tanto, Ruud firmó una de las victorias más significativas de su carrera: derrotó a Novak Djokovic en las semifinales del Monte-Carlo Masters 2024 por 6-4, 1-6, 6-4. Fue su primer triunfo ante un número 1 del mundo y lo convirtió en el primer noruego en derrotar a un líder del ranking ATP desde que existen registros, en 1973.

También sabe lo que es doblegar a Carlos Alcaraz, aunque solo una vez en seis enfrentamientos. Lo hizo en la fase de grupos de las ATP Finals 2024, con un marcador claro: 6-1, 7-5. Esos resultados explican por qué su descenso actual no se entiende solo como una cuestión de juego. Hay talento, hay experiencia, hay victorias de élite. Falta lo esencial: un cuerpo fiable.

Su llegada a este US Open ya venía marcada por las dudas. Un balance de 25 victorias y 16 derrotas en 2026, sin títulos, y una gira de pista dura que se desmoronó pronto. En Toronto, cayó en tercera ronda ante João Fonseca, una derrota que confirmó que el cemento ya no le ofrece la misma seguridad que la arcilla.

Desde aquella final del US Open 2022, sus mejores resultados en Nueva York se reducen a una cuarta ronda y una segunda. Nada que ver con la imagen de aspirante permanente al título que proyectaba hace apenas dos temporadas.

Una decisión dolorosa y una pregunta incómoda

La retirada de Ruud abre una puerta inesperada para Arthur Gea, que salta al cuadro principal como lucky loser. Para el francés es una oportunidad enorme; para el torneo, un cambio de guion en una zona del cuadro que perdía a un ex finalista y a una de las raquetas más sólidas de los últimos años.

Para Ruud, en cambio, la decisión deja un poso amargo. No solo se va de Nueva York sin disputar un solo punto de singles, también se marcha con la incógnita de cuánto se alargará este problema de espalda y cómo afectará a una temporada de 2026 que ya venía cuesta arriba.

El noruego ha demostrado que sabe reinventarse sobre la marcha, que puede pasar de la tierra al cemento y del rol de tapado al de aspirante al número 1. Pero el circuito no espera, la generación joven aprieta y el margen de error se estrecha cuando el cuerpo deja de acompañar.

La pregunta ya no es cuándo volverá a competir. La verdadera cuestión es otra: ¿podrá volver a ser el mismo jugador que, no hace tanto, derribaba a Djokovic y miraba de frente a los gigantes del circuito?