Carlos Alcaraz avanza en el US Open tras vencer a Tommy Paul
Carlos Alcaraz no está en el US Open para probarse la muñeca. Está para hacer historia. Y lo dejó claro en una noche seca, contundente, casi cruel con Tommy Paul, al que despachó en tres sets: 6-4, 6-3 y 6-4, en 2 horas y 21 minutos de autoridad.
El español, que llegó a Nueva York después de más de cuatro meses fuera por lesión, no ofrece rastro alguno de fragilidad. Ni gestos de dolor, ni dudas, ni miedo al impacto. Solo tenis. Y del bueno. El de un jugador que, con 23 años, ya es el hombre más joven en completar el Grand Slam de carrera y que ahora persigue algo que nadie ha logrado en la Era Open: defender títulos de Grand Slam en las tres superficies.
Un dominio que ya es rutina
Paul, cabeza de serie número 20, había calentado el partido en la previa. “Me gusta pensar que siempre puedo ganar a esos jugadores top”, dijo. La pista dictó otra cosa. Con esta derrota, el estadounidense acumula ya seis caídas consecutivas ante Alcaraz y ha perdido los últimos 14 sets entre ambos.
El encuentro, sin embargo, tuvo su pequeña trampa. En el tercer parcial, Paul se agarró al marcador, encontró algo de filo con el resto y llegó a disponer de dos puntos de set. Ahí apareció el Alcaraz que intimida al circuito: dos derechas ganadoras, limpias, desafiantes, para borrar cualquier atisbo de suspense. El tipo de golpe que rompe no solo el juego del rival, sino también su fe.
Hasta entonces, el guion había sido claro. Alcaraz mandó desde el inicio, se adueñó del ritmo y marcó el territorio desde la devolución. Él mismo lo explicó después: quiso ser agresivo todo el tiempo, no dejar a Paul instalarse en el partido, meter presión en cada juego al resto. Y lo logró. El estadounidense vivió casi todo el duelo al borde del precipicio.
“Creo que he vuelto a plena potencia”
El propio Alcaraz lo resumió con calma, pero con una seguridad que pesa: jugó a su manera, impuso su estilo, se preparó para correr y para “la batalla” ante un jugador “tan talentoso” como Paul, con golpes “peligrosos y difíciles de controlar”. El plan fue sencillo en la teoría, durísimo en la ejecución: agresividad constante, presión sobre el servicio rival, cabeza fría.
Dijo estar “muy contento” con su rendimiento y lanzó un mensaje que resuena en Flushing Meadows: cuando le preguntaron si había vuelto a su máximo nivel, respondió que sí, que se siente a plena potencia. Y añadió algo que empieza a sonar a amenaza recurrente: cada vez que viene a Nueva York, siente que juega su mejor tenis, como si la pista dura del US Open activara una versión superior de su repertorio.
No importa, insistió, haber estado cuatro meses y medio fuera. Aquí, en estas gradas, en estas noches, el español se transforma.
“En otra estratosfera”
Desde la cabina de televisión, las leyendas toman nota. Tim Henman habló de “placer” al ver a Alcaraz “pasar de marcha en marcha” y subrayó que ha ido “a más” con el avance del torneo. A su juicio, Paul lo dio todo, pero se encontró con un rival “de otra clase”. Se detuvo en la derecha del murciano: ha visto muchas a lo largo de su carrera, pero cree que la de Alcaraz puede ser la mejor. La forma en que la golpea, tan fuerte, con tan poca sensación de error, le parece “increíble”.
Martina Navratilova fue un paso más allá. Le parece “una locura” que haya alcanzado este nivel tan rápido. Normalmente, explicó, a los jugadores con tantas variantes y recursos les cuesta tiempo encontrar la forma de ordenar su juego, de elegir bien. Con Alcaraz no ha sido así. Para ella, ya compite “en otra estratosfera”.
El contexto hace aún más grande lo que está intentando. Viene de conquistar Wimbledon en 2023 y 2024 sobre hierba, de levantar Roland Garros en 2023 y 2024 sobre tierra, y ahora se planta otra vez en la segunda semana del US Open con la posibilidad de completar el círculo en pista dura revalidando la corona. Si el próximo domingo vuelve a levantar el trofeo, será el único hombre en la Era Open capaz de defender títulos de Grand Slam en las tres superficies.
No es solo una carrera por un título. Es una carrera contra la historia.
Sabalenka sufre, pero resiste: victoria áspera ante Townsend y billete a cuartos
En el cuadro femenino, Aryna Sabalenka eligió un camino mucho menos limpio, pero igual de efectivo. La defensora del título en Nueva York y actual número 1 del mundo se agarró al torneo con una victoria incómoda, llena de altibajos, frente a la estadounidense Taylor Townsend: 6-4 y 6-3 en Arthur Ashe Stadium, en un duelo extraño, plagado de roturas, con 11 quiebres de servicio en 19 juegos.
Sabalenka lleva 99 semanas en la cima del ranking. Para llegar a las 100, la ecuación es clara y exigente: necesita conquistar su tercer US Open consecutivo y que Elena Rybakina, número 2, caiga antes de semifinales. No hay margen para la relajación.
Un partido desordenado, una cabeza firme
Ante Townsend, muy querida por el público local, la bielorrusa tuvo que remar. En el segundo set se vio con un break en contra. Lejos de entrar en pánico, se repitió un mensaje sencillo: devolver un saque más, meter presión, concentrarse “punto a punto, bola a bola”. Esa insistencia mental le permitió dar la vuelta al parcial, un momento que ella misma definió como “clave”.
El encuentro no fue un manual de tenis perfecto. Lo vio con claridad Navratilova desde la grada: el nivel de Sabalenka fue “suficientemente bueno”, sólido, con Townsend firmando más golpes ganadores, pero con Aryna muy fina al resto y en los passing shots. La estadounidense intentó vivir en la red, pero la número 1 castigó cada subida. El borrón, para la leyenda checa, fueron las constantes pérdidas de servicio. Aun así, la nota fue positiva: un “notable” para una jugadora que supo responder cuando el marcador apretó.
Annabel Croft se fijó en otra cosa: la energía. Habló de una Sabalenka “feroz”, de una intensidad que subió todavía más cuando se vio por detrás en el segundo set. Cuando recuperó el break, soltó un grito enorme, casi un rugido, que dejó claro que, pese a los baches, venía “en serio”. Su presencia, su aura, su forma de entender el tenis como espectáculo, como algo que va más allá del resultado, volvió a llenar la pista. Es una competidora, pero también una showwoman, consciente de que cada partido es un escenario.
Y, de momento, el guion le sale: no ha cedido un solo set en lo que va de torneo y, pese a las dudas con el saque, físicamente se la ve entera.
Noskova, un muro en el horizonte
En cuartos de final le espera Linda Noskova, campeona en Wimbledon este año. La checa llega a esa cita después de un maratón frente a Marta Kostyuk, un duelo que recordó a su semifinal en SW19 y que esta vez volvió a caer de su lado: 7-5, 5-7 y 6-4. Kostyuk se negó a rendirse, salvó cinco bolas de partido —dos al final del segundo set y tres en el tercero—, pero Noskova acabó cerrando el choque con una mezcla de valentía y resistencia.
El cruce promete. Sabalenka necesita ganar para seguir viva en la defensa del título y en la lucha por esa simbólica semana 100 en lo más alto. Noskova llega con el impulso de una gran campeona reciente y con la confianza de haber sobrevivido a una batalla larga, exigente, emocionalmente desgastante.
Entre la ambición histórica de Alcaraz y la defensa numantina de Sabalenka, el US Open entra en su tramo decisivo con una sensación clara: los que aspiran a quedarse hasta el último domingo no solo están ganando partidos. Están peleando por dejar una huella que trascienda el verano neoyorquino.






