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Carlos Alcaraz regresa al US Open sin dolor y con gran victoria

NUEVA YORK — Carlos Alcaraz volvió a sentir algo que echaba tanto de menos como los focos de Arthur Ashe: la ausencia total de dolor. Nervios, sí. Excitación, también. Pero, sobre todo, una muñeca derecha que por fin le dejó jugar como él sabe.

El español reapareció en el US Open con una victoria sólida ante Roman Safiullin, 6-4, 6-4, 6-4, en su primer partido oficial desde abril. Ni rastro en la pista de la lesión que le había obligado a renunciar a Roland Garros y Wimbledon. Ni vendas llamativas, ni gestos de molestia. Solo tenis agresivo, variedad y ese descaro que Nueva York ha adoptado como marca de la casa.

“Sentía que estaba pegando normal, jugando mi estilo, y el brazo, la muñeca, todo se sentía genial”, explicó después. Desde fuera, la imagen coincidió con la sensación.

Alcaraz, sin red de seguridad… y sin miedo

Alcaraz decidió que no necesitaba torneos previos. Nada de rodaje en menor escala: regreso directo al Grand Slam más salvaje del calendario. Lo pagó con más nervios de lo habitual, como él mismo admitió, pero no con dudas en su tenis.

A medida que avanzó el partido, el gesto se le fue soltando. Empezó a alargar los intercambios, a subir a la red con más frecuencia, a mandar con el revés cruzado. Y, cuando el público de Arthur Ashe le pidió un guiño, respondió a su estilo: mano a la oreja, pidiendo más ruido, y un puño al aire tras una volea impecable en el juego final.

Su discurso, sin embargo, sonó más prudente que su juego. No promete nada, ni siquiera a sí mismo. “No sé hasta dónde voy a llegar. No sabía si iba a perder este partido, si iba a hacer segunda ronda, final… Lo único que quiero es disfrutar cada vez que entre a la pista y sentir la energía de la gente”, dijo.

Pero el cuadro se ha abierto de golpe. Jannik Sinner, número 1, está fuera por una lesión de rodilla. Novak Djokovic, número 4, se despidió el domingo en primera ronda, algo que nunca le había ocurrido en Flushing Meadows tras un 19-0 previo en estrenos y cuatro títulos en este torneo dentro de sus 24 grandes.

En un US Open que de repente ha perdido a dos de sus grandes polos de poder, un Alcaraz sano amenaza con convertirse, muy pronto, en el gran favorito. Nadie encadena títulos aquí desde que Roger Federer enlazó cinco seguidos entre 2004 y 2008. El reto está servido.

Sabalenka devuelve algo de normalidad

El caos del cuadro masculino encontró su contrapunto en la rutina ganadora de Aryna Sabalenka. La bielorrusa, dos veces campeona en Nueva York, arrancó su defensa del título con un 6-4, 6-4 sobre Camila Osorio que sonó a mensaje: aquí no cambia nada hasta que alguien la baje de Arthur Ashe.

Sabalenka ha jugado las tres últimas finales del US Open. Cayó ante Coco Gauff en 2023, reaccionó con un título en 2024 y repitió el año pasado derrotando a Amanda Anisimova. No es solo una campeona recurrente; es una presencia casi fija en el último domingo del torneo.

“Es uno de mis estadios favoritos. Aquí he vivido las mejores emociones”, reconoció ante el público.

Esta vez, además, se habló de su tenis y de su vestimenta. Cambió la malla negra que lució la semana pasada en dobles mixto con Djokovic por un conjunto naranja con malla del mismo color. El diseño anterior había generado críticas en redes sociales, que ella despachó sin darle importancia. Contó que ni siquiera sabía que tenía un vestido de día y otro de noche: descubrió el detalle al pasar por la sede de Nike.

Lo realmente relevante fue su nivel. Venía de una racha floja: eliminada en octavos en Toronto, Cincinnati y Wimbledon. Esa secuencia la ha dejado en una posición delicada en la lucha por el número 1. Incluso si vuelve a levantar el trofeo en Nueva York, podría perder el trono: Elena Rybakina, número 2, la superará si llega a semifinales. Y ni siquiera necesita ganar un partido si Sabalenka no logra el título.

Wawrinka se despide, Tsitsipas se rebela

El día dejó también una escena de final de época. Stan Wawrinka, campeón del US Open en 2016 y tres veces ganador de Grand Slam, cayó ante Matteo Berrettini en el que será su último partido en un grande. A sus 41 años, el suizo se marcha de los majors con una frase que sonó a nudo en la garganta: “Lo voy a echar de menos seguro. Lo voy a echar mucho de menos”.

Mientras una leyenda se despedía, otro nombre ilustre buscaba reengancharse a la élite. Stefanos Tsitsipas, sin cabeza de serie en el US Open por primera vez, remontó al número 10 Arthur Fils, reciente campeón en Cincinnati: 4-6, 7-6(3), 6-1, 6-4. Le preguntaron si puede volver a ser el jugador que alcanzó el número 3 del mundo y disputó dos finales de Grand Slam ante Djokovic. Su respuesta fue tan simple como desafiante: “¿Por qué no?”.

Ben Shelton también tuvo que remar. El estadounidense, octavo favorito, encajó un 1-6 en 28 minutos, con tres roturas en contra ante Tallon Griekspoor. Parecía un naufragio, pero reaccionó con un 6-1, se llevó el desempate del tercer set y cerró por 7-6(3), 6-2. Un partido que explica bien la montaña rusa emocional que suele ser la primera semana en Flushing Meadows.

En el cuadro femenino, avanzaron sin sobresaltos Iga Swiatek, número 8 y campeona del US Open, y Sloane Stephens, ganadora en 2017. Naomi Osaka, dos veces campeona en Nueva York, entraba en acción en la sesión nocturna.

También cumplieron Linda Noskova, número 6 y vigente campeona de Wimbledon, Karolina Muchova, séptima favorita y finalista en el All England Club ante su compatriota, y la número 10, Amanda Anisimova. La sorpresa la protagonizó Cristina Bucsa, que eliminó en tres sets a Sara Bejlek, cabeza de serie 28 y verdugo de Sabalenka en Cincinnati.

Navarro resiste, Boisson estalla

La jornada dejó una de las imágenes del día en un partido que se había quedado a medias por la lluvia. Emma Navarro, cabeza de serie 26, necesitó tres sets y dos días para superar a Lois Boisson: 7-6(6), 6-7(1), 6-3.

Cuando Navarro cerró el encuentro y levantó el puño hacia la grada, una cámara de ESPN captó, en el mismo plano, el contraste brutal: al fondo, Boisson descargaba su frustración contra la pista, destrozando la raqueta a golpes.

Es el US Open en estado puro: ruido, emociones desbordadas, regresos ilustres, despedidas silenciosas y un cuadro que, tras el derrumbe de Djokovic y la ausencia de Sinner, mira de reojo a un Alcaraz que ha vuelto sin dolor y con la grada de su lado. La pregunta ya no es si está sano. Es cuánto tiempo podrá resistirle el resto del torneo.