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El caos del calendario en el cricket inglés y la defensa de The Hundred

Richard Thompson no se esconde: el caos en el calendario que ha provocado The Hundred es, para él, “un precio que merece la pena pagar”. El presidente de la England and Wales Cricket Board (ECB) defiende con firmeza un torneo que ha comprimido hasta el extremo el verano del cricket inglés, pero que, a su juicio, ha rescatado económicamente al juego profesional en el país.

Un calendario al límite

El ejemplo más claro llegó este verano: solo dos días entre la final de The Hundred y el primer Test contra Pakistán en Headingley. Una transición vertiginosa. Para algunos, inaceptable. Para Thompson, una consecuencia inevitable de un modelo que sostiene financieramente al sistema.

“Hay que hacer sacrificios”, explicó en Sky Sports. Su mensaje es directo: si el cricket inglés ha logrado sacar la deuda del juego y dar a una generación de condados la oportunidad de reinventarse, el peaje organizativo se asume.

La magnitud del cambio se mide en cifras. Más de 500 millones de libras recaudados con la venta de participaciones de las ocho franquicias de The Hundred. Dinero que ha irrigado tanto el ámbito profesional como el doméstico. Algunos condados han aprovechado la inyección para limpiar balances; otros, para levantar infraestructuras que antes parecían inalcanzables.

Pero el coste deportivo es evidente. Para maximizar el impacto del torneo, se ha despejado una ventana en julio y agosto libre de cricket internacional. La idea es simple: las estrellas de Inglaterra deben estar disponibles para sus franquicias. El efecto colateral es demoledor para la planificación de la selección.

Inglaterra ya no puede retirar a sus jugadores de The Hundred para preparar Test matches o series internacionales. El ritmo es frenético. El lanzador Josh Tongue lo definió con dos palabras: “crazy scheduling”. Thompson admite el problema con crudeza: “Nos criticaron porque The Hundred terminó y dos días después jugábamos un Test en Headingley. Imagina que eso se convierte en un día. Eso no puede pasar”.

Un verano saturado

El calendario doméstico vive al borde del colapso. County Championship, T20 Blast, One-Day Cup y, por encima de todo, The Hundred. Todo encajado a presión.

“Estamos teniendo que meter tantísimo cricket a la fuerza”, reconoce Thompson. No es solo una sensación: la One-Day Cup ha quedado relegada, disputada muchas veces con equipos de segundo nivel mientras las principales figuras se reparten entre las franquicias del nuevo torneo.

Para la ECB, el contexto global manda. Solo cuatro países han conseguido abrir una ventana propia que casi garantiza la estabilidad económica de su cricket: Inglaterra, Sudáfrica, India y Australia. Thompson sitúa a The Hundred en ese grupo de competiciones que blindan el futuro financiero, aunque el purista vea cómo se retuerce el calendario tradicional.

La organización insiste en un límite claro: el número de días de competición de The Hundred no crecerá. Podrán llegar nuevos inversores, incluso nuevos equipos en el futuro, pero la duración del torneo no se ampliará. Ese es el compromiso que Thompson repite: los beneficios superan a los daños colaterales.

Orgullo, escudo y polémica

En medio del debate por el calendario, otro frente irrita a la cúpula del cricket inglés: la conducta de los jugadores de la selección masculina. Thompson habló de una decepción “enorme” por las dudas que vuelven a planear sobre el profesionalismo del equipo nacional.

El último caso lleva nombre propio: Brydon Carse. El lanzador se quedó fuera del segundo Test contra Pakistán tras ser brevemente arrestado bajo sospecha de estar ebrio y alterando el orden público mientras estaba de servicio con Durham. Fue liberado sin cargos formales, pero la investigación de la policía y del Cricket Regulator sigue abierta. Las imágenes, con Carse esposado y rodeado de agentes, corrieron como la pólvora en redes sociales.

Thompson no suavizó el discurso. “Cuando juegas por tu país te juzgan con estándares mucho más altos”, recordó. El presidente vinculó directamente el escudo con la conducta: “Llevar esos tres leones implica respeto, responsabilidad y orgullo. Si no vives y respiras esas cualidades, hay un problema”.

El mensaje final fue una advertencia para todo el vestuario: cada jugador debe entender el peso que conlleva representar a Inglaterra. El dinero de The Hundred puede sanear cuentas, construir estadios y sostener estructuras. Lo que no compra es reputación. Esa, en el cricket inglés, sigue dependiendo de cómo se comporten quienes visten la camiseta nacional en el campo… y fuera de él.