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Ben Simmons: El Regreso Inesperado a la NBA con Sacramento

Ben Simmons, el regreso más improbable de la NBA, tiene nuevo hogar. Sacramento ha decidido apostar donde muchos dejaron de creer. Un año, 3,5 millones de dólares y la última plaza libre del roster para un jugador que ha pasado de ser la joya de la liga a símbolo de dudas, lesiones y desgaste mental. Ahora, los Kings le abren de nuevo la puerta.

De promesa total a primer gran golpe

Antes de las dudas, antes de las lesiones, hubo un talento desbordante. En LSU, Ben Simmons era ese jugador que parecía diseñado en laboratorio para dominar la NBA moderna: 19,2 puntos, 11,8 rebotes, 4,8 asistencias, dos robos y casi un tapón por partido en su único año universitario (2015-16). Un base en cuerpo de ala-pívot. Un generador de juego que lo hacía casi todo.

Philadelphia no dudó. No. 1 del Draft 2016. El nuevo rostro del proyecto de los 76ers. Pero el guion se torció en el primer capítulo. En el primer entrenamiento serio, Simmons se torció el tobillo, fractura en el pie y el tobillo derechos. Temporada 2016-17 entera en blanco. El debut del elegido se retrasaba un año.

Rookie del Año y ascenso al estrellato

Cuando por fin pisó una pista NBA, Simmons confirmó cada expectativa. Y alguna más. En la 2017-18, su “año de novato” real, se llevó el premio a Rookie del Año y llevó a los 76ers a playoffs. 15,8 puntos, 8,1 rebotes, 8,2 asistencias, 1,7 robos, casi un tapón por noche. Un base de 2,08 que rebotaba, dirigía, defendía y aceleraba el juego como pocos.

Philadelphia cayó en segunda ronda ante Boston en cinco partidos, pero el mensaje estaba claro: Simmons era una estrella en ascenso.

La temporada siguiente, 2018-19, llegó su primera elección al All-Star. Los 76ers volvieron a playoffs y se toparon con un momento que ya es historia de la liga: la canasta ganadora de Kawhi Leonard en el séptimo partido de las semifinales del Este ante Toronto, a la postre campeón. Philadelphia se quedó otra vez a un paso. Simmons seguía creciendo, pero los golpes deportivos se acumulaban.

En 2019-20, su impacto defensivo ya no admitía discusión. All-Star de nuevo, integrante del primer quinteto defensivo de la NBA, un playmaker de élite en ataque y un stopper en la otra mitad de la pista. Aun así, Boston volvió a barrer a Philadelphia en primera ronda. El talento estaba, el resultado no llegaba.

El punto de quiebre: Atlanta y una jugada que lo cambió todo

La 2020-21 consolidó el perfil de Simmons: otra vez All-Star, otra vez primer quinteto defensivo y subcampeón en la votación a Jugador Defensivo del Año. Un jugador total atrás, capaz de cambiar partidos sin anotar 30 puntos.

Hasta que llegó Atlanta.

Séptimo partido de semifinales del Este. Marcador 88-86 para los Hawks, 3:30 por jugar. Simmons recibe bajo el aro, tiene una bandeja o un mate prácticamente regalado… y pasa el balón. Renuncia a la acción más sencilla. La decisión desató una tormenta. A partir de ahí, su carrera dio un giro radical.

La jugada se convirtió en símbolo. De su falta de confianza, de su problema con el tiro, de una relación rota con la grada y con parte del vestuario. El talento seguía, pero la narrativa cambió de la noche a la mañana.

Lesiones, salud mental y un parón total

El verano de 2021 fue el inicio del colapso. Simmons pidió el traspaso, no se presentó al training camp ni a la pretemporada y argumentó que estaba lidiando con problemas de salud mental. A todo eso se sumó una lesión de espalda. No jugó ni un solo minuto en la 2021-22, en medio de un pulso con Philadelphia que terminó con su traspaso a Brooklyn en febrero de 2022.

El regreso llegó a medias. En la 2022-23 disputó 43 partidos con los Nets, lastrado por molestias en la rodilla y una espalda que nunca terminaba de responder. La temporada 2023-24 fue aún más preocupante: solo 15 partidos antes de ser apartado por un dolor crónico de espalda que acabó en cirugía.

La caída continuó. En la 2024-25 jugó 33 partidos con Brooklyn antes de ser cortado. Los Los Angeles Clippers le ofrecieron una nueva oportunidad en febrero de 2025, pero apenas pudo aparecer en 18 encuentros. Su físico no acompañaba, su movilidad ya no era la misma y su rol se desdibujaba.

Al terminar esa campaña, se convirtió en agente libre. Y tomó una decisión drástica: parar.

La 2025-26 la pasó entera fuera de la NBA, centrado en rehabilitar su cuerpo, en intentar recomponer las piezas físicas y mentales de una carrera que parecía haberse escapado entre lesiones, presión y frustración.

Sacramento abre la puerta: rol, contexto y apuesta

Ahora, después de un año sin competir, Simmons vuelve. Sacramento cree que todavía queda jugador ahí dentro. El contrato es modesto, el riesgo económico es limitado, pero el impacto potencial es enorme.

Los Kings ven en él algo muy concreto: un manejador de balón más en un vestuario donde ya mandan Zach LaVine, Domantas Sabonis y el número 7 del Draft 2026, Darius Acuff Jr. La idea es clara: Simmons como base suplente de Acuff, con la opción de compartir pista con él en determinados tramos, según una fuente cercana al equipo.

No llega a un vestuario desconocido. Simmons y LaVine se conocen desde jóvenes. Con Sabonis comparte generación de Draft, una década atrás. Hay vínculos, hay memoria compartida, algo que puede suavizar la transición.

Pero la apuesta de Sacramento va más allá de la nostalgia. General manager Scott Perry y el entrenador Doug Christie han repetido en público su hoja de ruta: quieren un equipo duro atrás, incómodo, que viva de la intensidad defensiva. Ahí es donde encaja Simmons.

Con 2,08 de estatura y unos 109 kilos de peso, su físico sigue siendo un recurso valioso si la espalda le respeta. Los Kings creen que puede defender prácticamente todas las posiciones, darle tamaño al perímetro y permitir quintetos más grandes sin perder capacidad para generar juego desde arriba. Un comodín defensivo, un organizador ofensivo, un puente entre interiores y exteriores.

Entre la última oportunidad y la redención

En Sacramento hay optimismo. Interno, prudente, pero real. Desde dentro se transmite la sensación de que las peores lesiones han quedado atrás y de que el año de parón ha servido para algo más que descansar: para reconstruir.

No hay promesas de estrella. No hay garantías de All-Star. Solo una oportunidad muy concreta: demostrar que Ben Simmons todavía puede ser un jugador ganador en la NBA, aunque sea desde un rol distinto, más secundario, más funcional.

Los Kings, en plena búsqueda de consolidarse como un equipo de playoffs estable, han decidido jugársela. Si el cuerpo le responde y la mente se libera, habrán encontrado un lujo de creador secundario y un ancla defensiva versátil. Si no, será un experimento de bajo coste.

La pelota vuelve a sus manos. La pregunta ya no es qué pudo ser Ben Simmons. La cuestión, ahora, es qué está dispuesto a ser en Sacramento.