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Ben Shelton avanza a la final del US Open tras vencer a Tiafoe

NUEVA YORK — Ben Shelton no solo ganó un duelo. Encendió una noche cargada de memoria y de historia en el Arthur Ashe Stadium.

En un choque eléctrico entre dos estandartes del tenis estadounidense, Shelton derrotó a Frances Tiafoe por 4-6, 6-3, 6-3, 7-5 y se metió en la final del US Open, abriendo la puerta a un posible fin de una sequía de Grand Slams masculinos que se extiende desde 2003.

Una noche especial en Arthur Ashe

En el marco de los homenajes a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre, 25 años después, el escenario no podía ser más solemne ni más simbólico. Dos estadounidenses, Shelton —nacido en Georgia y criado en Florida— y Tiafoe, de Maryland, frente a 24.000 espectadores que no dejaron un asiento vacío.

El partido fue todo lo que se esperaba y, por momentos, lo contrario: brillante por ráfagas, descuidado en otras, pero siempre vibrante. Peloteos furiosos, derechas demoledoras, cambios de ritmo que levantaron al público una y otra vez. No fue una obra perfecta. Fue una batalla.

Shelton escribió además una página mayúscula: es el primer tenista negro estadounidense en alcanzar la final de individuales del US Open desde Arthur Ashe en 1972 y el primero en cualquier Grand Slam desde MaliVai Washington en Wimbledon 1996. Un salto generacional que pesa.

Tiafoe golpea primero

El encuentro arrancó con un aviso de lo que venía: ace de Shelton para abrir la noche. A partir de ahí, los turnos de saque se protegieron como un tesoro. Apenas asomaban opciones de quiebre, la tensión subía.

El punto de quiebre literal y figurado llegó en el noveno juego del primer set. Tiafoe apretó, Shelton se desajustó. Dos errores de revés y una doble falta entregaron el break. Con el impulso a favor, Tiafoe cerró el set con un juego de servicio impecable. Primer golpe del “hermano mayor”.

La respuesta de Shelton

Shelton no se encogió. Ajustó la mira, se aferró a su zurda de cañón y empezó a marcar territorio con el servicio. Superó con frecuencia las 150 millas por hora y convirtió su saque en una plataforma de despegue: puntos cortos, confianza, 20 aces al final de la noche.

El segundo set cayó de su lado, el tercero se convirtió en un pulso de resistencia. El último juego de esa tercera manga fue un maratón: más de 15 minutos, cuatro oportunidades de set, tensión en cada golpe. Tiafoe intentó sostenerse en la red, pero una volea de derecha que se quedó en la cinta selló el 6-3 para Shelton. El estadio explotó.

El impulso ya tenía dueño.

Un cierre sin celebración

Tiafoe se negó a irse sin pelear. Forzó intercambios largos, buscó variar alturas y direcciones, intentó cortar el ritmo del zurdo. Pero Shelton, con 23 años y una calma impropia de su edad, sostuvo el pulso en los momentos calientes del cuarto set.

El desenlace llegó de forma anticlimática para un partido tan intenso: doble falta de Tiafoe a la red en el 7-5 final. Tres horas y 17 minutos de combate terminados en un suspiro.

Esta vez no hubo el ya famoso gesto del “teléfono” de Shelton. Nada de celebración exagerada. Solo una reacción contenida, casi respetuosa, hacia el rival y hacia el contexto.

En la entrevista a pie de pista, Shelton no ocultó el vínculo con Tiafoe. Lo definió como “como un hermano mayor” y subrayó lo especial que es compartir Arthur Ashe con él, en el torneo y en la pista que ambos consideran su favorita en el mundo. Dos competidores, una misma casa.

Un salto en el ranking… y un muro llamado Zverev

El premio inmediato no es solo la final. Shelton escalará hasta el número 4 del ranking mundial, la mejor posición de su joven carrera. Tiafoe, pese a la derrota, también se marcha con un hito personal: será número 8 del mundo, su mejor clasificación.

Pero el verdadero examen espera el 13 de septiembre. Shelton, octavo cabeza de serie y mejor estadounidense del circuito, se medirá al número uno del cuadro, Alexander Zverev, que superó a Karen Khachanov por 6-3, 7-6 (7), 7-6 (6).

El reto es mayúsculo. Shelton nunca ha vencido a Zverev en cinco enfrentamientos previos y cayó en sets corridos en su último duelo, en noviembre, en las ATP Finals. Otra racha por romper. Otra pared que intentar derribar.

Ambos llegan de semanas exigentes, pero el físico no fue problema en semifinales pese a sus maratones de cuartos: Shelton había terminado a las 3:33 de la madrugada su triunfo ante el segundo cabeza de serie, Carlos Alcaraz; Tiafoe, por su parte, remontó dos sets en contra ante Alex Michelsen en otro duelo de cuatro horas.

Ahora, el foco se concentra en una sola pregunta: ¿será Shelton el hombre que, dos décadas después de Andy Roddick en 2003, devuelva a Estados Unidos un campeón de Grand Slam en categoría masculina? La respuesta, esta vez, no la dará la historia. La dará su brazo zurdo en la final.