Ben Shelton llega a su primera final de Grand Slam en Nueva York
Ben Shelton camina por territorio desconocido, pero parece sentirse como en casa. En el bullicio eléctrico de Nueva York, el estadounidense de 23 años se ha metido en su primera final de Grand Slam en el US Open y ha encendido una ilusión que llevaba más de dos décadas dormida en el tenis masculino de su país.
El viernes derrotó a su compatriota Frances Tiafoe por 4-6, 6-3, 6-3, 7-5 y se ganó un billete para enfrentarse al primer cabeza de serie, Alexander Zverev, en la final del domingo. Un paso más cerca de acabar con 23 años de espera desde que Andy Roddick levantó el trofeo en Flushing Meadows en 2003.
No es el único peso histórico que carga sobre los hombros. Shelton aspira también a convertirse en el primer hombre negro estadounidense en conquistar el título en Nueva York desde Arthur Ashe en 1968. Casi seis décadas de vacío. Un listón enorme. Y delante, un rival que le tiene tomada la medida: Zverev le ha ganado las cinco veces anteriores.
Shelton, sin embargo, no suena intimidado. Suena vivo.
“Todo este torneo ha sido territorio inexplorado”, admitió ante la prensa. “Estoy en posiciones en las que nunca había estado. He vencido a jugadores a los que nunca había ganado. Estoy emocionado por dejarlo todo en la pista”.
La clave, asegura, está en algo tan poco glamuroso como la regularidad. Una “nueva consistencia” que le ha permitido encadenar victorias y sostener su tenis agresivo durante dos semanas completas en un escenario que suele desnudar cualquier fisura mental. En lugar de dejarse engullir por la magnitud del momento, Shelton lo ha reducido a algo casi cotidiano.
“Puedo pensar en lo increíble que es este momento y en lo que me estoy jugando. Pero al final del día, estoy aquí en Nueva York, salgo con mi equipo, estoy con mis colegas jugando un poco al tenis y he podido restarle dramatismo al momento”, explicó. La frase lo define: consciente del contexto, pero decidido a no quedar atrapado en él.
A su alrededor, una burbuja de confianza bien construida. “Tengo gente fantástica a mi lado que me mantiene con los pies en la tierra, concentrado y humilde. Estos momentos los quiero atesorar, no tomarlos a la ligera. Pero al mismo tiempo, lo estoy afrontando de una manera muy profesional”, añadió.
Ahí está el equilibrio: disfrutar sin perder filo competitivo.
El Domingo
El domingo le espera el número uno del cuadro, campeón de Grand Slam, en la pista más grande del deporte. El partido más importante de su vida. Shelton no lo disimula. Tampoco intenta disfrazar los nervios.
“Los nervios siempre están ahí”, reconoció. “Es algo a lo que tienes que inclinarte. Para mí están igual de presentes en primera ronda que en semifinales, y estoy seguro de que en la final será lo mismo”.
No los niega, los abraza. Los convierte en combustible. “Es algo que tienes que ser capaz de superar, pero me lo estoy pasando bien, ¿sabes? Juego contra el primer cabeza de serie, contra un campeón de Grand Slam intentando conseguir el primero”.
Shelton habla como alguien que entiende que el deporte se mide en títulos, pero también en experiencias que marcan una carrera. “Hay muchas razones por las que este es un momento muy disfrutable para mí. Saber que puedo dejarlo todo en la pista y llevarme al límite absoluto… y ver qué puedo hacer es un pensamiento emocionante”.
Nueva York ya ha encontrado a su nueva historia. El domingo, en la Arthur Ashe, se sabrá si es solo el comienzo de una era o el capítulo más vibrante de un verano inolvidable.






