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Ben Shelton derrota a Carlos Alcaraz en una histórica madrugada en Nueva York

Ben Shelton convirtió la noche neoyorquina en una locura de madrugada. El estadounidense derribó al vigente campeón, Carlos Alcaraz, en un duelo épico de cuartos de final del US Open que terminó pasadas las 3.30 de la mañana en el Arthur Ashe Stadium, con un marcador tan dramático como el escenario: 6-7(5), 6-1, 6-3, 1-6 y 7-6(10-7).

Un partido que empezó tarde y terminó en la historia

Tres partidos maratonianos en la pista central retrasaron la salida de los jugadores. Shelton y Alcaraz no pisaron la pista hasta después de las 23.00. A partir de ahí, la noche se convirtió en resistencia pura, tenis de alto voltaje y una batalla mental que firmó el final más tardío en la historia del torneo.

El primer set fue una declaración de intenciones. Alcaraz, octavo cabeza de serie y recién regresado a la competición tras una lesión de muñeca que lo había mantenido fuera desde abril, se agarró al partido desde el inicio. El español se llevó el desempate por 7-5, imponiendo su jerarquía en los puntos importantes.

Shelton no se encogió. Al contrario. El estadounidense respondió con un segundo set arrollador, 6-1, acelerando con su servicio y golpeando sin miedo, como si la hora no existiera y el cansancio fuera un problema para otro día. El público, ya de madrugada, se volcó con la intensidad del partido.

El tercer parcial confirmó el giro. Shelton mantuvo la agresividad, abrió ángulos, mandó con su derecha y se apuntó el set por 6-3. Alcaraz, visiblemente tocado físicamente, empezó a mostrar signos de malestar. Aun así, se negó a desaparecer.

El campeón se rebela

Cuando el encuentro parecía inclinarse definitivamente hacia el lado local, apareció el orgullo del campeón. Alcaraz, enfermo, cansado, pero competitivo hasta el límite, firmó un cuarto set contundente: 6-1. El español encontró piernas donde ya casi no había, ajustó golpes y llevó el duelo al quinto set, levantando al estadio a esas horas imposibles.

“Ha sido un placer venir aquí y competir, jugar este tipo de partidos, estando sano”, explicó después el murciano, que disputaba su primer torneo desde abril. “Ha estado cerca, realmente muy cerca, así que estoy un poco decepcionado por no conseguir la victoria al final. Pero estoy contento, orgulloso de cómo he luchado. Físicamente estaba muy cansado, pero encontré la forma de seguir empujando y dar un extra”.

Todo se redujo a un desempate final, casi a cara o cruz, con los dos al límite. Shelton, que ya sabe lo que es llegar lejos en Nueva York, no tembló. En el superdesempate a 10 puntos, se aferró a su servicio, arriesgó cuando tocaba y terminó cerrando el partido 10-7, desatando el rugido de un estadio que aguantó hasta el último punto.

Para el estadounidense, es apenas su segunda semifinal del US Open. Pero la dimensión del triunfo, ante el campeón defensor y en un escenario tan extremo, lo coloca en otro plano.

El propio Shelton lo resumió con la euforia contenida de quien sabe que ha dado un golpe sobre la mesa: “Siempre digo que esta es la mejor ciudad deportiva del mundo. Este es el mejor estadio del mundo. Solo espero que mi mejor amigo y mi hermana, que están ahí, no tengan que estar en el trabajo a las 6 de la mañana, dentro de tres horas. Sería enorme que sus jefes les dieran el día libre. Compartir la pista con Carlos es un absoluto honor y valoro cada momento que tengo aquí”.

Noche americana completa: Tiafoe firma otra remontada

La fiesta local no se limitó a Shelton. Antes, en otro duelo cargado de drama, Frances Tiafoe protagonizó una remontada salvaje ante su compatriota Alex Michelsen. Perdía por dos sets a cero y un break, pero terminó ganando 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6(6) para meterse en sus terceras semifinales del US Open.

Durante buena parte del encuentro, el 11º cabeza de serie parecía haber perdido toda la chispa que había mostrado en el inicio del torneo. Michelsen mandaba con autoridad, sólido al saque, valiente desde el fondo. Tiafoe se veía desdibujado, sin la energía habitual que tanto conecta con el público del Arthur Ashe Stadium.

La reacción llegó tarde, pero llegó. En el tercer set, Tiafoe empezó a encontrar profundidad en sus golpes, a variar alturas, a incomodar a Michelsen. El momento clave: un quiebre en el tramo final del set, culminado con un ganador de derecha que desató un estruendo ensordecedor en la grada. A partir de ahí, el partido cambió de dueño.

Tiafoe se adueñó del cuarto set con 6-3, empujado por un público que olía la remontada. El quinto, inevitablemente, se fue al límite. Ninguno cedió su saque hasta el desempate, donde el más experimentado de los dos terminó imponiéndose 7-6(6), cerrando una de las victorias más trabajadas de su carrera reciente.

Con Shelton derribando al campeón y Tiafoe sobreviviendo a una montaña rusa de cinco sets, la madrugada en Nueva York dejó una imagen poderosa: el US Open, una vez más, convertido en territorio salvaje para los que se atreven a resistir hasta el último minuto de la noche. Y quizá un aviso para el resto del circuito: los estadounidenses no solo llenan el estadio; empiezan a mandar también en la pista grande.