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La batalla por la FIFA: Ceferin y Montagliani desafían a Infantino

La guerra por el control de la FIFA ha dejado de ser soterrada. Ya está a cielo abierto. Y el primer disparo serio lo han firmado Aleksander Ceferin y Victor Montagliani.

En una carta enviada el viernes al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y a la que tuvo acceso Associated Press, los vicepresidentes del organismo por Europa y Norteamérica reclaman que cada una de las 211 federaciones miembro reciba 10 millones de dólares adicionales procedentes de las crecientes reservas de efectivo del ente rector. El mensaje va mucho más allá de una propuesta financiera: es un movimiento político directo para desbancar al suizo.

Según la carta, tras un Mundial altamente rentable en Norteamérica, la FIFA debería disponer de unos 6.000 millones de dólares en reservas. Con ese colchón, Ceferin, presidente de UEFA, y Montagliani, máximo dirigente de CONCACAF, defienden un “pago único” global de 2.100 millones de dólares a repartir entre todas las federaciones.

No es un gesto inocente. Es una respuesta frontal.

Infantino había prometido 20 millones de dólares a cada federación a cambio de respaldar su ambicioso —y ya fracasado— plan de vender parte de los derechos comerciales del Mundial a inversores privados liderados por Joshua Kushner. La propuesta de Ceferin y Montagliani lanza un mensaje claro al electorado que elegirá al próximo presidente: habrá más dinero, incluso sin Infantino en el poder.

El plan privado que encendió la mecha

La tensión explotó en julio, cuando salieron a la luz los detalles del proyecto de Infantino para crear una estructura comercial separada, FIFA Forward Enterprise (FFE), valorada en unos 20.000 millones de dólares y vinculada a capital privado. El grupo inversor estaba encabezado por Joshua Kushner, hermano de Jared Kushner, yerno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Infantino cultivó durante años una relación cercana con Trump en la antesala del Mundial disputado en Estados Unidos, Canadá y México. Fue un visitante habitual de la Casa Blanca. Ese acercamiento político y el intento de abrir la puerta del Mundial a grandes fondos privados encendieron las alarmas en varias confederaciones.

UEFA y CONCACAF lideraron la reacción global contra el proyecto. Ahora quieren ir un paso más allá: forzar la salida de Infantino antes o durante las elecciones presidenciales de la FIFA previstas para marzo en Rabat, Marruecos.

Dinero, poder y una promesa de continuidad

En su carta, Ceferin y Montagliani no solo reclaman el pago extraordinario de 10 millones por federación. También se encargan de blindar el discurso económico de cara al resto del mundo del fútbol.

Subrayan que los fondos ya comprometidos por la FIFA —20 millones de dólares para cada una de las 211 federaciones hasta 2030— “continuarían íntegramente tal y como se ha comprometido”. Es decir, nadie perdería nada de lo prometido, y aun así habría un nuevo reparto masivo.

El mensaje es transparente: la bonanza económica no depende de Infantino. El dinero está ahí y puede fluir aunque cambie el inquilino de la presidencia.

Los dos dirigentes reclaman además un análisis “completo e independiente” de las finanzas de la FIFA antes de la reunión del 15 de octubre en Zúrich. Ese informe debería servir para determinar cuánto se puede distribuir de forma responsable entre las federaciones sin poner en riesgo la estabilidad futura.

La cita de Zúrich será clave. Será la primera reunión del Consejo de la FIFA —presidido por Infantino— desde que la prensa destapó el plan de capital privado a finales de julio. Ceferin y Montagliani ya han avisado en la carta: informarán a los otros cuatro presidentes de confederación para que respalden la moción.

Confederaciones divididas y un presidente bajo fuego

El mapa político está fracturado.

La Confederación Asiática de Fútbol se ha mostrado crítica con Infantino en las últimas semanas. En cambio, las confederaciones de Sudamérica y África se han alineado con el suizo, que el mes pasado viajó al Caribe para consolidar apoyos dentro de CONCACAF, pese a que el propio Montagliani le había pedido que no visitara la región.

La maniobra revela el nivel de desconfianza interna. Infantino, en el cargo desde 2016, afronta por primera vez un desafío coordinado y con capacidad real de alterar el equilibrio de poder en la FIFA.

Calendario electoral y sucesión en el aire

La FIFA ha fijado el 18 de noviembre como fecha límite para presentar candidaturas a la presidencia. La elección tendrá lugar cuatro meses después, en Rabat, capital de Marruecos, un aliado clave de Infantino y coanfitrión del Mundial 2030 junto a España y Portugal, ambos miembros de UEFA.

Hasta hace apenas unas semanas, tras un Mundial extremadamente rentable en Norteamérica, el escenario apuntaba a una reelección cómoda de Infantino para un cuarto y último mandato hasta 2031. Sin oposición clara y con las federaciones beneficiándose de un flujo constante de dinero, su continuidad parecía casi asegurada.

El escándalo por el proyecto de inversión privada ha dinamitado esa sensación de inevitabilidad. La gran incógnita ahora es quién se atreverá a dar el paso.

En los pasillos del fútbol internacional, los rumores siempre han apuntado a nombres conocidos: el propio Montagliani o Nasser al-Khelaifi, presidente de Paris Saint-Germain, miembro del gobierno catarí y del Comité Ejecutivo de UEFA. Ninguno de los dos ha manifestado públicamente su intención de desafiar a Infantino, que cuenta con el apoyo explícito de la federación de Catar.

De momento, todo son especulaciones. Pero el tiempo corre.

La vía judicial de UEFA en Estados Unidos

Mientras se libra la batalla política, UEFA ha abierto un frente judicial. El organismo europeo ha solicitado a tribunales de Manhattan y Florida autorización para acceder a documentación de la firma de inversión de Joshua Kushner en Nueva York y de la propia FIFA relacionada con el proyecto comercial de 20.000 millones de dólares.

UEFA quiere correos, contratos y comunicaciones sobre FIFA Forward Enterprise. El objetivo declarado: preparar una posible denuncia penal contra Infantino en Suiza, sede de la FIFA, por presunta mala gestión financiera.

Si los jueces estadounidenses dan luz verde a esa investigación preliminar, el conflicto ya no será solo una lucha de poder dentro de los despachos del fútbol. Entrará en el terreno de los tribunales y de la responsabilidad personal.

En un organismo que nada en dinero tras cada Mundial, la pregunta ya no es quién reparte los millones. Es quién se atreverá a asumir el coste político —y quizá legal— de seguir defendiendo a Gianni Infantino.