El Barça se asoma al abismo y lo salva Adeyemi
Durante una hora, el Estadio Ciudad de Valencia vio al Barcelona de siempre: dominante, fluido, aparentemente inalcanzable. Después, el líder se miró al espejo y descubrió todas sus grietas en apenas un cuarto de hora frenético que casi le cuesta dos puntos.
El partido dejó tres cosas claras: Xavi Espart ya sabe lo que es marcar con los mayores, Lamine Yamal no se cansa de asumir galones… y Karim Adeyemi tiene alma de futbolista decisivo.
Un arranque de manual
El Barça salió a mandar y golpeó de inmediato. Minuto 5, primera estocada. El adolescente Xavi Espart, en una de esas noches que no se olvidan, firmó su primer gol con el primer equipo. Frialdad, determinación y una madurez impropia de su edad para abrir el marcador y enfriar de golpe el ambiente en el Ciudad de Valencia.
El tanto no calmó al Barcelona. Al contrario, lo soltó. Raphinha empezó a encontrar espacios entre líneas, a girar a la defensa local, a dictar el ritmo de los ataques. De una de sus mejores acciones nació el 0-2: gran jugada de combinación, pase medido y aparición de Lamine Yamal en el área pequeña para empujar el segundo. El guion soñado para Hansi Flick.
Con dos goles de ventaja tan pronto, el partido parecía encarrilado. El Barça jugaba con comodidad, tocaba con paciencia y daba la sensación de tener el encuentro bajo un control casi académico. Levante apenas respiraba.
Lamine amplía la brecha… y el partido cambia
Nada más empezar la segunda parte, el choque pareció quedar sentenciado. Penalti a favor del Barcelona y Lamine Yamal, sin temblar, asumió la responsabilidad. Lanzamiento seguro, 0-3 y una sensación de goleada inminente. El estadio se quedó en silencio; el líder, a tres cuerpos de distancia.
Pero el fútbol no admite relajaciones. Y el Barça, esta vez, levantó el pie demasiado pronto.
El ritmo bajó. Las vigilancias se aflojaron. Las distancias entre líneas crecieron. Y Levante, que hasta entonces había vivido más de la resistencia que de la propuesta, empezó a encontrar oxígeno. El partido se partió y el líder dejó de mandar.
El susto: dos golpes en diez minutos
El primer aviso serio llegó a poco más de diez minutos del final. Ivan Romero cazó un error de Xavi Espart en salida de balón y no perdonó. Gol, 1-3 y un mensaje claro: el encuentro no estaba cerrado. El tanto activó a la grada y encendió al equipo local.
El Barça no supo enfriar el partido. No supo dormirlo. Cada pérdida se convertía en un problema. Cada transición, en un pequeño incendio. El 0-3 ya era historia; el 1-3 olía a peligro.
El castigo se duplicó en el 88’. Roger Brugue apareció para firmar el 2-3 y convertir el tramo final en un ejercicio de supervivencia para el líder. El Ciudad de Valencia rugía, Levante se volcaba y el Barça se veía de repente contra las cuerdas, incapaz de sostener el duelo desde el control que había mostrado durante buena parte de la noche.
Adeyemi baja la persiana
Cuando el empate parecía cuestión de una jugada, apareció Karim Adeyemi. El alemán, que había entrado desde el banquillo, se inventó una acción individual que valió un partido. Con el tiempo añadido ya en marcha, encaró, dejó atrás a tres defensores y definió con contundencia. Golazo. 2-4. Oxígeno puro.
Su tanto no solo mató la remontada de Levante, también reforzó su impacto inmediato desde que llegó procedente de Borussia Dortmund. Ya suma tres goles con la camiseta azulgrana y cada aparición suya tiene peso específico. No necesita muchos minutos para dejar huella.
Mientras tanto, Anthony Gordon sigue buscando su primer tanto con el Barça. Las comparaciones son inevitables, pero Flick se encargó de enfriar el debate, subrayando el valor del inglés en otros registros: control, posesión, pausa. El técnico dejó claro que valora su trabajo aunque el gol aún no haya llegado.
Autocrítica de Flick: “El primer gol fue culpa mía”
Pese a la victoria, Hansi Flick no salió satisfecho del todo del Ciudad de Valencia. El técnico alemán no escondió su enfado por la caída de intensidad tras el 0-3 y reclamó más madurez competitiva a su plantilla.
Reconoció incluso responsabilidad directa en el 1-3 de Levante al explicar que retrasó un cambio que ya tenían preparado y que ese pequeño margen abrió la puerta al tanto de Ivan Romero. Una autocrítica poco habitual en los banquillos de élite y que encaja con su discurso desde que aterrizó en el club: exigencia máxima incluso en la victoria.
El entrenador avisó de que habrá análisis minucioso. Posicionamiento, circulación, conexiones entre líneas. Nada quedará sin revisar. Para Flick, la sensación de que los partidos eran “fáciles” responde más al buen rendimiento de su equipo que a la falta de dificultad real. Y noches como esta le dan la razón.
El Barça se va del Ciudad de Valencia con tres puntos, cuatro goles y un aviso serio. El marcador habla de un líder que golpea con facilidad. El juego, sobre todo en el tramo final, recuerda que el camino hacia el título no perdona despistes. La cuestión es clara: ¿convertirá este susto en una lección definitiva o volverá a jugar con fuego en la próxima salida?






