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Baker irrumpe en Cardiff y transforma el partido

En un Sophia Gardens pesado, húmedo y hecho a medida para los lanzadores, el primer día entre Glamorgan y Hampshire en el Rothesay County Championship se convirtió en un combate de resistencia. Pocas florituras, mucho sudor. Y un giro final digno de guion: la entrada tardía, pero devastadora, de Sonny Baker.

Hampshire cayó por 162 en 40.2 overs, un total modesto que, a medida que avanzaba la tarde, empezó a parecer casi lujoso. Glamorgan respondió con 111-7 en 38 overs, desangrado por Kyle Abbott y rematado por un Baker recién liberado del compromiso con Inglaterra en Lord’s. Al cierre, tres puntos para Glamorgan, dos para Hampshire, pero la sensación de que el colista ha abierto una puerta que parecía cerrada.

Lehmann resiste entre la niebla

El tono del día lo marcaron desde el inicio las condiciones: cielo encapotado, humedad pegajosa y un campo que no perdonaba errores. Glamorgan movió ficha con el regreso de Dan Douthwaite a la bola roja tras dos años, en lugar del lesionado Andy Gorvin, y con Mir Hamza —que ya había pasado brevemente por el club esta temporada— reemplazando a Ray Toole como extranjero. Hampshire respondió reforzando la costura: James Fuller entró por Felix Organ y Scott Currie arrancó a la espera de la liberación de Baker por parte de Inglaterra.

La nueva bola habló enseguida. Nick Gubbins cayó pronto, cazado en el slip por Timm van der Gugten justo antes de una breve interrupción por mala luz. Toby Albert intentó aguantar, llegó a 10, pero Zain Ul Hassan le arrancó el off-stump con una entrega que resumió la mañana: implacable.

Ali Orr y Jake Lehmann parecieron por un momento cambiar el guion. Orr encontró algunos golpes limpios, Lehmann se asentó, pero Ul Hassan volvió a golpear, atrapando lbw a Orr por 35. A partir de ahí, Lehmann se quedó prácticamente solo en medio de una tormenta.

El australiano, con 51* al final, fue el único que ofreció una resistencia sostenida. Se aferró al crease mientras a su alrededor el marcador se desmoronaba. Kyle Abbott, más conocido por su trabajo con la bola, fue el único acompañante en dobles dígitos con 16, lanzando el bate con decisión para arañar runs vitales.

Van der Gugten, Hamza y Ul Hassan se repartieron el dominio: líneas tensas, longitud incómoda, sensación constante de peligro. Douthwaite, algo caro, también aportó dos wickets. El 162 final de Hampshire olía a insuficiente. Parecía cuestión de tiempo que Glamorgan se pusiera por delante.

Jack y Abbott encienden la réplica

Ese guion duró exactamente dos bolas de Eddie Jack.

El joven seamer de Hampshire ofreció un primer over de manual de ataque. Con ritmo extra y un rebote que sorprendió, hizo que Asa Tribe y Kiran Carlson se marcharan sin anotar, ambos atrapados de forma impecable en el tercer slip por Lehmann. Dos entregas, dos errores forzados, dos wickets. Glamorgan, de repente, tambaleándose.

El golpe psicológico se amplificó de inmediato. Ul Hassan, héroe con la bola por la mañana, se convirtió en la tercera víctima consecutiva sin anotar, lbw ante Abbott. El marcador marcaba 2-3. El 162 de Hampshire ya no parecía tan pequeño; empezaba a parecer un objetivo.

Colin Ingram y Ben Kellaway entendieron el momento. No se trataba de dominar, sino de sobrevivir y reconstruir. Entre ambos levantaron la entrada con un stand de 65 para el cuarto wicket, el más sólido de la jornada. Ingram, con 32, puso experiencia y temple; Kellaway, en plena reconversión esta temporada al número cuatro del orden, aportó fluidez y decisión.

Cuando Hampshire necesitaba otra sacudida, Abbott regresó. En su segundo spell, el sudafricano volvió a marcar diferencias: Ingram, lbw; Sean Dickson, con la defensa destrozada. Dos golpes secos, sin adornos, que devolvieron la iniciativa a los visitantes.

Kellaway brilla… hasta que aparece Baker

Mientras el resto sufría, Kellaway jugaba como si estuviera en otro campo. Ocho fours, golpes limpios, selección de tiro madura. Se convirtió en el máximo anotador del día con 57, una entrada que parecía encaminada a cambiar el rumbo del partido y a minimizar el trabajo de la nueva bola de Hampshire.

Glamorgan había pasado del colapso inicial al 97-5. No era una posición cómoda, pero sí una base desde la que pensar en una ligera ventaja. Y entonces, en la banda, empezó a calentar Sonny Baker.

Liberado por Inglaterra desde Lord’s, Baker entró en escena con Glamorgan en 97-5. Un over después, tomó la bola. No necesitó tiempo de adaptación.

Primera entrega: golpe en la pierna de Chris Cooke. Aviso. Segunda: la bola se marcha rozando el outside edge, silencio contenido en Sophia Gardens. Tercera: Cooke ve sus stumps volar. Impacto inmediato.

La importancia del siguiente wicket fue aún mayor. Sexta bola de Baker, y Kellaway, el hombre que sostenía toda la estructura de Glamorgan, se marcha atrapado detrás. En seis entregas, el recién llegado había desmantelado el corazón de la réplica local.

Con 111-7 en el marcador y 15 overs todavía por jugar, la mala luz intervino como último protagonista de la jornada. El árbitro detuvo el juego, y con ello dejó a Hampshire, colista, al borde de una inesperada ventaja en la primera entrada.

Un partido atrapado entre la niebla y el pronóstico

El pronóstico meteorológico no ayuda a los que buscan un desenlace claro. Se espera más lluvia, más interrupciones, más fragmentos de juego que podrían convertir este encuentro en una carrera contra el reloj tanto como contra el rival.

Lo que sí dejó el primer día es una certeza: en un campeonato largo, incluso el equipo del fondo de la tabla puede encontrar aire cuando un lanzador baja del escenario de Test y entra directo en una tarde pesada en Cardiff.

Hampshire ya ha abierto la puerta. Falta saber si el tiempo le permitirá cruzarla.