logo

Babar Azam cae nuevamente ante la táctica corta de Inglaterra

En una serie gris para Pakistán, el tercer y último Test ofrecía por fin un rayo de luz: un Edgbaston plano como una autopista, más de 400 carreras en la segunda entrada y una oportunidad perfecta para que Babar Azam se reconciliara con el cricket de rojo. Parecía el escenario ideal para un gran centenar. Acabó siendo otra escena incómoda en una película que ya se repite demasiado.

Pakistán, herido pero no hundido, se aferró al partido sobre un terreno descrito como el más plano del año. Superó los 400 en la segunda entrada, un pequeño consuelo en una gira en la que sus bateadores han ido a remolque casi desde el primer día. En medio de esa reacción, Babar se plantó en 76. El contexto no podía ser más claro: su equipo todavía estaba 42 carreras por detrás de las 453 de Inglaterra en el primer innings, y el capitán tenía la misión de alargar la estancia, de convertir un buen turno en uno decisivo.

No ocurrió.

El mismo plan, el mismo verdugo

Josh Tongue ya le había cazado por apenas 7 carreras en la primera entrada. El libreto se repitió. Inglaterra volvió al plan corto. Campo profundo preparado. Aviso a la vista. Y, sin embargo, Babar cayó de nuevo en la trampa.

Con 76 en el marcador, con un centenar prácticamente servido en una pista sin vida para los rápidos, el capitán de Pakistán regaló su wicket ante otra secuencia de pelotas cortas. En un contexto así, su salida no se interpretó como un simple fallo. Se leyó como un derrumbe técnico y mental.

La reacción fue inmediata. Y feroz.

Nasser Hussain apunta al corazón del problema

En la cabina de comentarios, Nasser Hussain no suavizó el diagnóstico. El ex capitán de Inglaterra utilizó la comparación más hiriente posible para un jugador del estatus de Babar: lo puso frente a su propio compañero de equipo.

“Le lanzas corto a Saud Shakeel y se agacha de inmediato. Le lanzas corto a Babar Azam y no sabe si tirar el pull, el hook o dejarla pasar”, describió Hussain. “En este momento, Saud Shakeel le está dando una masterclass”.

La frase corrió como la pólvora. No solo por el contenido, sino por el contexto: Saud Shakeel, más sereno ante la misma amenaza, mientras el hombre llamado a liderar la alineación titubea una y otra vez frente al mismo recurso.

En una pista sin rebote traicionero, sin movimiento lateral, con cero ayuda para los rápidos, Babar tenía delante una “cien” casi sin esfuerzo. En lugar de eso, volvió a sucumbir ante lo que ya se ha convertido en el truco más sencillo del manual para los rivales.

La hinchada estalla: “Literalmente regaló su wicket”

Las redes se llenaron de reproches. No era solo frustración por una entrada desaprovechada; era la sensación de ver el mismo error repetido partido tras partido.

“Babar Azam cayó en el plan de la pelota corta y regaló su wicket después de una gran entrada…”, escribió un aficionado, subrayando lo obvio del plan inglés. Con más de diez años de experiencia internacional y cinco entradas ya disputadas ante Tongue en la serie, la paciencia de muchos se agotó.

Otro hincha fue aún más duro: “OTRA MANERA AVERGONZANTE DE SALIR, BABAR AZAM. – Literalmente tiró su wicket a la basura”, publicó, reflejando el tono general.

La incredulidad también se coló en los comentarios: “Pensarías que Babar Azam tiene demasiada experiencia como para seguir cayendo una y otra vez en la trampa de la pelota corta de Inglaterra”, escribió un usuario, incapaz de entender cómo el capitán seguía mordiéndose el mismo anzuelo.

El contexto del terreno de juego agravó la crítica. “Babar Azam dejó escapar una gran cantidad de carreras. La pista más plana del año. Tenía una cien fácil al alcance. Y posiblemente más”, lamentó otro aficionado, con un punto de resignación.

Entre la ironía y la estadística, alguien remató: “Así que Razatullah terminará con mejor promedio que Babar Azam en esta serie 😭😭”. Un debutante por encima del líder nominal de la alineación. Golpe directo al orgullo.

Una carencia que ya es síntoma de algo mayor

La preocupación ya no se limita a una mala racha. Lo que se ve, repetido, es un patrón: cada vez que un rápido inglés clava la pelota en el pitch y la levanta hacia el cuerpo, los pies de Babar se congelan. La duda lo invade. ¿Atacar? ¿Esquivar? ¿Dejar pasar? En ese instante de indecisión, el plan rival funciona.

A estas alturas de su carrera, se espera de él algo más que talento: lectura de juego, ajuste, respuesta. Con fielders colocados en el fondo precisamente para ese golpe, la elección de seguir entrando al intercambio de pelotas cortas sin un plan claro se interpreta como un error de juicio grave.

El dato que más escuece a Pakistán es que el mismo Tongue lo ha desmontado una y otra vez en la serie. Y mientras Inglaterra necesita apenas 130 carreras para ganar el tercer Test y completar la barrida, el wicket del capitán se queda como símbolo de una de las grandes fallas del equipo: la incapacidad de su principal bateador para sostener una entrada larga cuando más se le necesita.

Hasta que Babar no cierre esa grieta en su juego, los capitanes rivales seguirán repitiendo el libreto más simple del cricket de rojo: campo profundo, pelota corta… y la esperanza, cada vez más fundada, de ver al mejor bateador de Pakistán caminar de vuelta al pabellón con la misma expresión de frustración. La pregunta ya no es si le atacarán así en el próximo Test, sino cuánto tardará él en ofrecer por fin una respuesta a la altura de su nombre.