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Aryna Sabalenka avanza en el US Open entre el olor a cannabis

Aryna Sabalenka tuvo que lidiar con algo más que con el juego incómodo de Kamilla Rakhimova en la Arthur Ashe. En plena primera manga, con el marcador 3-0 a su favor, la campeona de las dos últimas ediciones del US Open detuvo unos segundos el partido, sonrió, se acercó a la silla de la jueza Eva Asderaki-Moore y lanzó una queja tan inusual como reveladora del ambiente en Flushing Meadows: el fuerte olor a cannabis que invadía la pista.

«Alguien está fumando weed, ¿te importa…? porque es muy fuerte», se oyó desde las cámaras.

Después, ya con la victoria en el bolsillo, lo relató entre risas: contó que había pedido a la gente que hiciera lo que quisiera, que se relajara, pero «no alrededor de las pistas de tenis», porque ese olor resulta difícil de gestionar cuando se intenta competir al máximo nivel.

En Nueva York el cannabis es legal y su aroma forma parte del paisaje urbano y, cada vez más, del propio torneo. En los últimos años se ha convertido en tema recurrente en el US Open. Sabalenka explicó que no tenía claro de dónde venía el humo, si de la grada o del exterior arrastrado por el viento, pero sí dejó claro que nunca lo había notado tan intenso en la ciudad: «Con este viento, no sé si venía de la gente o de fuera porque lo empujaba dentro del estadio. No lo sé. Solo espero que estén un poco más atentos con esas cosas», reclamó.

Mientras tanto, en la pista, la número 1 del mundo en apuros de clasificación volvió a parecerse a sí misma. Se impuso por 6-3, 6-4 a Rakhimova sin ceder un solo juego de servicio, sostenida por un saque imponente: 10 aces, ninguna bola de break en contra, autoridad de campeona. Llega a octavos sin haber perdido un set y, sobre todo, con la sensación de haber recuperado ritmo y confianza.

Presión en el Torneo

No es un detalle menor. Sabalenka aterrizó en Nueva York en uno de los tramos más complicados de forma de los últimos años, sin finales desde el doblete de Indian Wells y Miami en marzo. Su trono también está en juego: perderá el número 1 que ha conservado durante 97 semanas si no conquista su tercer US Open consecutivo y si Elena Rybakina, actual número 2, alcanza al menos las semifinales.

La bielorrusa está respondiendo en la pista. Fuera de ella, la tensión se filtra por otras rendijas.

Tras su contundente triunfo de segunda ronda ante Polina Iatcenko, Sabalenka protagonizó un cruce encendido con un periodista en la sala de prensa. El reportero definió su semana previa al torneo como de «fiestas y diversión». La frase encendió a la campeona, que ya había escuchado referencias similares sobre sus compromisos comerciales antes del inicio del US Open.

«Sois como una broma», disparó. «‘Fiestas, diversión…’ ¿por qué dirías eso? ¿Por qué pensarías eso? ¿Qué clase de pregunta es esa? Solo porque publiqué algunas actividades con marcas, ¿ya piensas que he estado de fiesta y no entrenando?». La discusión se alargó, subió de tono y terminó con una frase que sonó a ultimátum: «Pensad antes de decir cosas».

Mientras el ruido crece alrededor, el cuadro no le concede respiro. En octavos le espera Taylor Townsend, favorita del público local, que repite presencia en la segunda semana del torneo tras su gran actuación del año pasado. La estadounidense firmó otra victoria de peso: 6-2, 6-7 (3), 6-3 ante la cabeza de serie número 15, Diana Shnaider, para regresar a los octavos en Nueva York. Ambiente caliente asegurado.

En el cuadro masculino, Daniil Medvedev también afina su tenis en silencio y sin sobresaltos. El campeón de 2021 avanzó a octavos con un sólido 6-4, 6-4, 6-4 ante el 29º cabeza de serie, Arthur Rinderknech. Marcador corto, partido largo en concentración: el ruso volvió a imponer ese tenis plano, incómodo, que va ganando peso a medida que avanza la quincena.

Carlos Alcaraz, defensor del título, dejó una impresión distinta pero igual de contundente. Regresa de cuatro meses y medio de parón por lesión en la muñeca derecha y, sin embargo, su tenis empieza a sonar familiar. Venció 6-3, 6-4, 6-1 al chino Wu Yibing y se metió en octavos sin ceder un set, pero con tramos de partido que le exigieron pensar, ajustar y competir.

En los dos primeros parciales tuvo que templarse en momentos delicados. Aguantó, leyó mejor los puntos clave y, cuando tocó decidir, subió una marcha. Ese cambio de ritmo, marca de la casa, sigue ahí pese al tiempo fuera del circuito. «Para ser sincero, estoy mejor de lo que pensaba», admitió. Dijo que esperaba sentirse mal físicamente tras el primer partido, pero que se está recuperando bien, trabajando fuerte fuera de la pista para llegar en buena forma, y que ya siente el ritmo de la competición. «Cada vez que entro a la pista, lo doy todo», remató.

Su siguiente obstáculo será Tommy Paul, cabeza de serie número 20 y uno de los grandes reclamos del público estadounidense. El norteamericano remontó un duelo áspero ante el 15º favorito, Alexander Bublik: 6-4, 3-6, 6-7 (4), 6-1, 6-3. Partido largo, piernas cargadas, confianza alta. El tipo de rival que obliga a Alcaraz a probar hasta dónde llega su cuerpo… y hasta dónde puede llegar su defensa del título en Nueva York.