Aryna Sabalenka: desafíos y defensa de su trono en Nueva York
NUEVA YORK — En Instagram, Aryna Sabalenka parece vivir en un eterno entretiempo. Vestidos impecables, escenarios de postal, bikini al sol, escapadas románticas a Grecia con su prometido. Vida de número 1. Vida de portada.
En la pista, la historia es otra. Y no es bonita.
La jugadora que domina el ranking WTA no ha pasado de octavos de final en sus últimos torneos y llega al US Open lejos de la imagen de apisonadora que la llevó a reinar en pista dura. Se habla de bache, de desconexión, de exceso de focos. Ella no compra ninguna de esas teorías.
“Maybe there’s something wrong with people”, lanza, desafiante, cuando le preguntan qué le pasa a su juego. El dardo no va a la red, va directo a las gradas.
Entre el glamour y el bajón
Sabalenka arrancó la temporada como si quisiera borrar cualquier duda sobre su autoridad. Final en el Australian Open ante Elena Rybakina. Título en Indian Wells. Título en Miami. Dos coronas seguidas en pista dura que reforzaban la sensación de que el circuito tendría que acostumbrarse a su potencia descomunal.
Ni siquiera la derrota en cuarta ronda de Wimbledon ante Naomi Osaka encendió alarmas. Volvía a Norteamérica, a la superficie que mejor amplifica su juego, y el guion parecía escrito: otra gira dominante.
Se rompió en Toronto. Ekaterina Alexandrova la sorprendió en cuarta ronda. Y el temblor se convirtió en patrón en Cincinnati, donde Sabalenka dejó escapar ventajas en ambos sets ante Sara Bejlek, visiblemente frustrada, con gestos que recordaban a la Aryna más volcánica de sus primeros años.
Ella admite que algo no estuvo bien, pero cierra la puerta cuando se le pide detalle.
“No fue el mejor periodo. No quiero defenderme, pero obviamente no quiero hablar de esa etapa. He estado lidiando con varias cosas”, reconoce. Y, acto seguido, se rearma: “¿Pero a quién le importa, verdad? Sí, no rendí a mi mejor nivel. Estas lecciones duras definitivamente me van a hacer muchísimo más fuerte y trabajar aún más duro. Trabajo en la parte mental del juego. Estaba intentando resetear mi mente y volver más fuerte, así que esto solo me va a hacer más fuerte. Es solo cuestión de tiempo que vuelva”.
El traje negro, las redes y el ruido
En Nueva York, Sabalenka no solo llama la atención por su ranking. También por el atuendo: un conjunto negro cubierto de malla que ha dividido opiniones. A ella le da exactamente igual.
“Who cares about people, right? All matters for me is that I love it”, responde, sin filtrar, cuando se le menciona a los críticos. No es una jugadora a la que le guste pedir perdón por ser visible.
Su vida fuera de la pista se ha disparado desde que alcanzó la cima: contratos de patrocinio, sesiones de fotos, viajes durante la temporada. Todo, por supuesto, perfectamente documentado en redes. Y ahí encuentran munición quienes la acusan de divertirse demasiado y trabajar poco.
Paula Badosa, amiga cercana y coprotagonista habitual en esas fotos, corta el discurso con datos sencillos: el ranking.
“Ella sigue siendo la número 1 del mundo. Así que creo que los resultados están ahí”, recuerda la española. “Por supuesto, todo el mundo va a esperar que gane todos los torneos. Eso es muy, muy difícil. Y en el momento en que esa jugadora no gana lo que se esperaba, por supuesto, dicen que es por las sesiones de fotos o los TikToks y todo eso. Y no voy a mentir, lleva haciendo eso desde que estaba quizá fuera del top 100. Y cuando ganaba, nadie decía nada, ¿sabes? Y cuando pierde un par de partidos, es por eso. Creo que no tiene nada que ver”.
Un trono en peligro en su pista talismán
El problema para Sabalenka no es solo estético ni de narrativa. El número 1 está en peligro real tras su desplome veraniego. Elena Rybakina, Jessica Pegula y compañía se le acercan con paso firme. La ecuación es sencilla: sin una buena carrera en Nueva York, la cima puede cambiar de manos.
Si hay un lugar para reaccionar, es este. Sabalenka conquistó el US Open por primera vez en 2024, derrotando a Pegula en la final. Un año después defendió la corona ante Amanda Anisimova. Flushing Meadows ha sido su refugio, el escenario donde su potencia encuentra eco y su carácter se convierte en combustible.
Ahora llega tocada, cuestionada, con más ruido que nunca alrededor. Pero no suena como alguien dispuesto a aceptar una caída lenta.
“Bueno, esa es la belleza del deporte”, dice. “Lánzame desafíos duros, volveré solo más fuerte”.
La temporada la ha puesto contra las cuerdas. Nueva York dictará si ese desafío la doblega… o la endurece aún más.






