Anthony Davis: El nuevo rumbo tras su salida de Los Angeles Lakers
Hace siete años, el relato era otro. Anthony Davis era el heredero designado. El hombre llamado a recibir la antorcha de LeBron James y sostener, con elegancia y dominio, la tradición dorada de Los Angeles Lakers durante una década. Con 26 años, aún a un paso de su verdadero prime, se le proyectaba en el Olimpo de la franquicia: top 10 histórico en puntos y rebotes, uno de los grandes de siempre en púrpura y oro.
Doscientos y pico partidos, varias lesiones y unos 2600 días después, esa historia suena lejana. En Lakerland, Davis lleva casi 19 meses fuera del foco, y aún más tiempo fuera de ese pedestal donde muchos lo imaginaban como posible integrante del selecto grupo de los cinco mejores jugadores que hayan vestido el uniforme angelino.
Hoy, el escenario es otro. Ahora pertenece a Washington Wizards, tras aquel traspaso que sacudió la liga en febrero de 2025: Davis a Dallas Mavericks, Luka Doncic a Los Angeles. Un movimiento que reescribió el mapa de poder de la NBA y que, al final, solo fue una parada más en una carrera que no termina de encontrar un hogar definitivo.
Y puede que el viaje no haya acabado.
Un nuevo giro: Davis en el radar de Boston
Con Washington en plena reconstrucción, la lógica económica pesa tanto como el talento. Entregarle a un interior de 33 años, con historial de lesiones, un contrato multianual cercano a los 300 millones de dólares no encaja con un proyecto a largo plazo. La franquicia de la capital escucha escenarios, calcula riesgos y, en ese contexto, el nombre de Boston Celtics aparece con fuerza.
Boston, golpeado por la salida de Jaylen Brown en un traspaso difícil de digerir rumbo a Philadelphia 76ers, se ha quedado más liviano en el frontcourt de lo que un aspirante serio al título puede permitirse. Jayson Tatum sigue siendo el eje, pero el equipo necesita una presencia interior dominante, alguien capaz de cambiar partidos en las dos zonas.
Ahí entra Davis.
El escenario hipotético plantea lo siguiente:
- Wizards reciben: Paul George, Jordan Walsh, Baylor Scheierman y una elección de segunda ronda de 2030 (vía Charlotte Hornets).
- Celtics reciben: Anthony Davis.
Para Washington, el movimiento tendría sentido desde el control del riesgo. Evita comprometer cientos de millones a un jugador que, cuando está sano, es devastador, pero cuya disponibilidad ha sido una incógnita recurrente. A cambio, obtiene dos jóvenes en crecimiento como Scheierman y Walsh, más el contrato de Paul George, que expira en dos años.
En ese horizonte de dos temporadas, los Wizards podrían liberar más de 100 millones de dólares en su masa salarial cuando finalice el acuerdo de George. Espacio para maniobrar, margen para rearmar el proyecto y dos piezas jóvenes que pueden ayudar a empujar de nuevo a la franquicia hacia una senda competitiva.
Para Boston, la apuesta es clara: asumir el riesgo físico de Davis a cambio de un potencial cambio de era. Un Davis sano sigue siendo un talento de súper estrella, un jugador que modifica planes de juego rivales por sí solo. Cinco veces integrante de los mejores quintetos de la liga, tres veces líder de la NBA en tapones por temporada, un interior capaz de anclar una defensa de élite y, al mismo tiempo, cargar con una ofensiva de primer nivel.
La idea en el TD Garden sería simple y ambiciosa: darle a Tatum el socio de frontcourt que nunca ha tenido. Un 1-2 demoledor, con un exterior generacional y un interior que, si el físico acompaña, puede volver a instalarse entre los mejores jugadores del mundo. Y todo ello, potencialmente, a un coste que podría considerarse una ganga relativa para el impacto que ofrecería en pista.
El riesgo es evidente. La recompensa, también.
El legado en Los Ángeles: el pico de Davis
Para entender qué persiguen equipos como Boston, basta con mirar hacia atrás, a la etapa de Davis en los Lakers. Muchos aficionados reaccionaron con desilusión cuando se confirmó su salida… hasta que vieron quién llegaba a cambio. Eso no borra, sin embargo, lo que fue su paso por la franquicia angelina.
En 5 años y medio junto a LeBron James, Davis firmó números de superestrella: 24,8 puntos, 11 rebotes, 3,2 asistencias y 2,2 tapones por partido. Cuatro apariciones en el All-Star Game, dos selecciones en los quintetos All-NBA y dos presencias en el All-Defensive First Team. Producción, impacto y presencia en ambos lados de la cancha.
Y, sobre todo, un anillo.
En la burbuja de 2020, Davis fue uno de los motores principales del título de los Lakers. Dominante en defensa, imparable en muchos tramos en ataque, fue el complemento perfecto para LeBron en una carrera hacia el campeonato que justificó, al menos en parte, el enorme precio que la franquicia pagó por él.
Visto con perspectiva, quizá Los Angeles exprimió la mejor versión posible de Anthony Davis: esos años en los que su cuerpo aún respondía lo suficiente como para sostener un nivel de pesadilla para cualquier rival, tanto en la pintura propia como en la ajena.
La pregunta ahora es distinta. No es qué fue Davis, sino qué puede seguir siendo. Para Washington, es una decisión financiera y de proyecto. Para Boston, podría ser la diferencia entre quedarse a las puertas o volver a dominar la NBA.
¿Es este el último gran giro en la carrera de Anthony Davis o solo otra parada en un viaje que se resiste a encontrar su destino final? La respuesta, como casi siempre con él, dependerá de algo tan simple y tan frágil como su salud. Y ahí es donde se decidirá si este hipotético traspaso es una genialidad… o un riesgo que nadie quiso asumir del todo.






