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Andy Ruiz Jr cae ante Damian Knyba en Newark

En Newark no peleó el mismo hombre que una noche de junio de 2019 fulminó a Anthony Joshua y sacudió al peso pesado. En el Prudential Center, Andy Ruiz Jr fue apenas un destello de aquel campeón del mundo, superado a los puntos por el polaco Damian Knyba en su regreso al ring.

El mexicano-estadounidense, de 36 años, llegaba con más dudas que ritmo. Sólo cuatro combates desde la revancha perdida con Joshua en diciembre de 2019. Demasiado tiempo fuera para una categoría donde el óxido se paga caro.

La pelea lo dejó claro.

Un campeón desdibujado

Ruiz Jr nunca encontró su cadencia. Sus manos, que un día desbordaron a Joshua a base de combinaciones cortas y veloces, esta vez casi no aparecieron. Cada vez que intentaba acortar la distancia, se topaba con los brazos de Knyba, que lo amarraba, lo trababa, le cortaba las ideas.

“Cada vez que intenté entrar, me sujetaba muy fuerte y no pude soltar mis combinaciones”, explicó después Ruiz Jr, que recientemente firmó con el promotor británico Eddie Hearn. No sonó a excusa improvisada, sino a la descripción de una noche frustrante.

El momento más duro llegó en el séptimo asalto. Knyba lo derribó y Ruiz se levantó a trompicones, salvado por la campana cuando el combate amenazaba con escapársele por la vía rápida. El ex campeón se arrastró de vuelta al plan original: sobrevivir, buscar huecos, esperar que el instinto reapareciera.

No alcanzó.

Knyba aprovecha su momento

Los jueces no dudaron. 117-110, 114-113 y 114-113 para Damian Knyba, que llevó su registro a 18 victorias y una derrota. Un triunfo trabajado, sin estridencias, pero de enorme peso simbólico: derrotar al hombre que un día destronó a Joshua siempre suma algo más que un simple número en el récord.

Ruiz, mientras tanto, se marchó con la sensación de haber regalado demasiado. De haber dejado que el tiempo, las lesiones y la inactividad le robaran la chispa.

“Fue sólo una larga inactividad y un gran oponente”, defendió. “No quise tomar una pelea fácil, por eso acepté a Damian. Es un tipo grande. Pero hay que tomar riesgos. Todavía lo tengo dentro de mí. Sólo tengo que mantenerme activo y quiero volver a pelear”.

Orgullo herido, fe intacta

Esa frase resume la noche de Newark: orgullo herido, fe intacta. Ruiz Jr no habló como un boxeador al borde del retiro, sino como alguien que se resiste a que su legado quede reducido a una sola noche mágica en el Madison Square Garden.

Pidió revancha de inmediato. “Me gustaría hacerlo de nuevo y hacer las cosas muy diferentes”, lanzó, casi como un desafío a sí mismo más que a Knyba. Porque el verdadero enemigo, hoy, no es el polaco. Es el calendario. Son los años. Es la falta de continuidad en una división que no espera a nadie.

Ruiz ya demostró una vez que puede romper el guion y tumbar a un gigante cuando nadie cree en él. La pregunta es si todavía le queda una última sorpresa en esos guantes o si, en Newark, vimos el principio del epílogo.