Andoni Iraola y el desafío de la Carabao Cup en Liverpool
Andoni Iraola, ante su primer gran examen de fondo de armario en Liverpool
En Anfield ya han entendido que con Andoni Iraola no habrá tregua. Presión alta, ritmo feroz, partidos cada tres días y una idea innegociable. Lo que todavía no sabe el técnico vasco es quiénes van a aguantar ese nivel de exigencia sin romperse por el camino. Y el calendario no espera: tras el empate gris ante Fulham, llega un duelo de Carabao Cup ante Tottenham que no admite demasiados experimentos.
“Tengo que aprender quién es robusto”
Iraola lo asume con naturalidad, pero sin esconder el problema. En la previa dejó claro que no puede alinear siempre a los mismos: el riesgo físico es evidente y el rendimiento ya empieza a dar señales de fatiga.
“No. Puedes decidir y poner a los mismos jugadores en cada partido. El problema es que llegará un momento en el que estén realmente cansados. Y hay más riesgo de lesión”, explicó. “Hay jugadores que pueden jugar cada tres días sin problemas. Son muy robustos, su rendimiento no cambia demasiado. Hay otros en los que el riesgo es mayor y las prestaciones son distintas. Tengo que aprender quién está listo para jugar cada tres días y quién necesita descanso para que su nivel no se vea afectado”.
El propio técnico reconoce que parte de ese mapa lo traía hecho de casa, pero el calendario y la exigencia de Liverpool están revelando nuevas respuestas: “Pensaba que lo tenía bastante claro con algunos, pero con otros es nuevo, incluso para ellos, porque no habían jugado tantos partidos. Estamos aprendiendo”.
Y mientras él aprende, Anfield observa con lupa.
El dilema del once ante Tottenham
La Carabao Cup suele ser terreno para suplentes, jóvenes y minutos de rodaje. No esta vez. El sorteo emparejó a Liverpool con Tottenham, un rival de Premier League que convierte cualquier rotación en una apuesta mucho más arriesgada.
El contexto no ayuda. El equipo llega de dos empates consecutivos en casa en liga, algo que solo ha ocurrido tres veces en 63 años en el arranque de temporada. El último 0-0 frente a Fulham dejó una sensación de bajón evidente tras la gran noche europea ante Atlético de Madrid.
Ahí nace el dilema: ¿reforzar la confianza con un once muy fuerte para reaccionar ya, o proteger piernas pensando en un curso que amenaza con ser larguísimo, entre Premier League, Champions League y copas nacionales?
En los primeros compases del curso, Iraola ya ha comprobado que su Liverpool no se mueve igual cuando el cuerpo pide oxígeno. Ante Fulham, menos de 72 horas después de derrotar al Atleti, el equipo se quedó sin chispa ni colmillo. Un aviso serio a la hora de gestionar esfuerzos.
Un gigante en “su” copa
La exigencia aumenta cuando se mira al pasado. La League Cup es una competición casi íntimamente ligada a Liverpool. Nadie la ha ganado más veces: diez títulos.
El club levantó por primera vez el trofeo en la temporada 1980-81, inicio de una racha de cuatro conquistas consecutivas que se cerró en 1984. Aquella fue una época en la que la copa parecía un hábito, no un objetivo.
Después llegó un largo silencio. Hubo que esperar más de una década para el quinto título, con Steve McManaman firmando un doblete decisivo ante Bolton en Wembley en 1995. El nuevo milenio reactivó la relación con el torneo: en 2001, con Gerard Houllier en el banquillo, Liverpool volvió a coronarse. Dos años más tarde, el técnico francés sumó la séptima, esta vez frente al eterno rival, Manchester United, en la final.
En 2012, en su segunda etapa en el club, Kenny Dalglish devolvió la copa a las vitrinas tras superar a Cardiff City en una tanda de penaltis agónica. Después, otro paréntesis largo.
El siguiente capítulo lo escribió Jürgen Klopp. En 2022, Liverpool derrotó a Chelsea en una tanda histórica, 11-10, para conquistar su noveno título. En 2024, de nuevo ante los londinenses, llegó la décima League Cup para completar el legado del técnico alemán en esta competición.
Ahora la pregunta flota en el ambiente: ¿será Iraola el hombre que lleve a Liverpool al número 11?
Señales de fatiga en Anfield
El empate ante Fulham ha encendido algunas alarmas. No por el resultado aislado, sino por la sensación de equipo descargado, lejos del vértigo que se vio ante Atlético de Madrid.
Dos partidos de Premier League en Anfield, dos empates. Seis puntos de 12 posibles en el arranque liguero, con cuatro ya perdidos en casa ante Nottingham Forest y Fulham, otro empate en Newcastle y la única victoria en Ipswich. No es una crisis, pero está por debajo del estándar que se exige a un candidato al título.
El dato que más expone el atasco ofensivo es el del tridente millonario. El trío de 364 millones de libras formado por Alexander Isak, Bradley Barcola y Florian Wirtz fue titular por primera vez en liga. Generó alguna ocasión, pero muy lejos de la producción esperada.
Isak apenas tocó 16 balones en 90 minutos, la segunda cifra más baja registrada para un jugador de campo de Liverpool, después de las 14 que firmó él mismo ante Forest dos semanas antes. Wirtz, brillante frente al Atleti, se apagó. Barcola dejó destellos, pero el engranaje aún está en fase de construcción.
Iraola empieza a asumir que, con tan poco margen entre partidos, su estilo quizá necesite matices para sobrevivir a la acumulación de esfuerzos. Y esos ajustes pasan, inevitablemente, por la gestión de minutos y la valentía a la hora de rotar.
Un Fulham sólido y un Liverpool espeso
El 0-0 ante Fulham dejó una imagen poco habitual: Liverpool sufriendo en casa ante un rival que llegaba con cero puntos y muchas dudas, y que encontró en Anfield su primer botín del curso.
Álvaro Arbeloa, que conoce bien el escenario tras sus 98 partidos como jugador red, llegó cuestionado y salió reforzado. Su equipo se plantó serio, compacto, y rozó el golpe grande.
Fulham pudo adelantarse muy pronto tras un error grosero entre Alisson y Ryan Gravenberch, que obligó a Jeremy Jacquet a sacar bajo palos un remate de Gonzalo García. Los visitantes mandaron en la primera parte, pero no castigaron lo suficiente: Alisson detuvo un disparo de Josh King desde dentro del área y Antonee Robinson cabeceó desviado.
Liverpool respondió a ráfagas. Victor Muñoz obligó a Bernd Leno a una buena intervención con un cabezazo, y un volea de Barcola terminó desviada a córner por Timothy Castagne.
Iraola movió el banquillo al descanso: Milos Kerkez entró por un Kostas Tsimikas muy impreciso. A la hora de juego, Alexis Mac Allister y Cody Gakpo sustituyeron a Gravenberch y Muñoz en busca de un cambio de ritmo.
Isak generó una ocasión clara, pero su disparo salió cómodo para Leno. Dominik Szoboszlai probó desde media distancia con un tiro potente que el portero alemán repelió con seguridad. La entrada de Rio Ngumoha y Jeremie Frimpong en el 72 tampoco rompió el muro.
En el añadido, Isak cabeceó fuera un córner que pudo cambiar la noche. Fulham, que aún tuvo opciones por medio de King y Kevin en los últimos minutos, defendió el punto con uñas y dientes.
Adaptarse o quedarse atrás
El calendario no afloja. Con al menos siete partidos más asegurados en la Champions League y la Carabao Cup arrancando ahora con un cruce exigente ante Tottenham, Liverpool no puede permitirse seguir aprendiendo a base de tropiezos.
Iraola ya ha puesto el foco en un concepto clave: robustez. Quién aguanta el ritmo, quién necesita pausa, quién puede ser titular domingo-miércoles-sábado sin perder lucidez. La respuesta a esas preguntas marcará no solo la alineación ante los Spurs, sino la capacidad real de este Liverpool para pelear por títulos hasta mayo.
La historia del club en la League Cup pide ambición. El cuerpo de la plantilla reclama oxígeno. Entre la tradición y el músculo, ahí se va a decidir la primera gran batalla de la era Iraola.






