logo

Alexandra Eala: El Año que Transformó su Carrera

Alexandra Eala aterrizó en Singapur el jueves con una maleta llena de raquetas… y de hitos. A sus 21 años, la filipina vive la temporada que separa a una promesa de una referencia. Y se le nota en la pista, pero también lejos de ella.

Hace apenas unas semanas alcanzó el número 18 del mundo, su mejor ranking, y levantó en Washington su primer título WTA Tour en individuales tras derrotar a la número 3 del mundo, Jessica Pegula. Un triunfo que no solo le dio un trofeo: la convirtió en la primera filipina en conquistar un título individual del circuito.

Antes, ya había dejado huella en Wimbledon. Allí derribó a la defensora del título, Iga Swiatek, y se plantó en octavos de final. Otra frontera rota: ninguna filipina había llegado a la segunda semana de un Grand Slam en la Era Abierta.

Ahora, el foco se mueve a Singapur. Eala regresa a una ciudad que conoce bien para disputar el Singapore Tennis Open, que se juega del 21 al 27 de septiembre en el OCBC Arena at The Kallang y que este año vuelve como torneo WTA 500. Entre entrenamientos y ajustes al cambio horario, la tenista se sentó en The NCO Club, en el JW Marriott Hotel Singapore South Beach, para hablar de todo lo que no se ve cuando la cámara se apaga.

Aprender a vivir con el escaparate

El 2026 de Eala no solo se mide en victorias, rankings y estadios llenos. También en adaptación. En reconstruirse fuera de la pista.

“He tenido que redescubrir mi relación con muchas cosas este año por la exposición extra y por convertirme en una figura más pública”, admite. Lo dice sin dramatismo, más como quien describe un entrenamiento duro que sabe que le hará mejor.

El gran desafío tiene una palabra clara: límites. Con los medios. Con los aficionados. Con las personas que se cruza a diario. Y con ese ruido constante que llega desde el universo digital.

“Estoy aprendiendo mucho sobre mí misma y sobre lo que funciona mejor para mí. Sigo teniendo 21 años, así que, al final del día, hay que reconocer que sigo creciendo y sigo creciendo dentro de mí misma”, explica.

Se permite fallar. Permitirse no saber cómo gestionar cada nueva situación forma parte del aprendizaje.

“No saber cómo hacer las cosas es muy normal”, asume. “Pero al mismo tiempo, afronto todo de frente. Tienes que ser segura. Tienes que ser tú misma y ser genuina”.

Las redes sociales son otro frente. Eala ve “una buena parte” de lo que se escribe sobre ella, pero ha aprendido que también ahí necesita marcar una línea.

“Aprecio la crítica. A veces es muy útil. Pero no puedo valorar demasiado una opinión cuando no conocen toda la historia, o si es algo no solicitado”, señala.

Cuando la atención se vuelve abrumadora, recurre a algo simple y poderoso: ponerse en el lugar del otro. Pensar en los aficionados excitados que solo quieren un saludo, una foto, un momento.

“He aprendido la importancia de compartimentar; ahora también sé qué es lo que me mantiene cuerda, feliz y sana, así que me centro en eso”, resume.

Singapur, una casa lejos de casa

El circuito obliga a vivir con la maleta siempre medio hecha. Para Eala, viajar ya no es sinónimo de vacaciones. Es rutina. Trabajo. Vida.

“Viajo mucho por lo que hago, se ha convertido en parte de mi vida”, cuenta. “Y ahora tengo muchas ‘casas’ alrededor del mundo”.

Singapur es una de ellas. Un lugar que no siente ajeno, sino familiar.

Aquí jugó los WTA Future Stars en 2016 y 2017. Tenía 11 años cuando recibió el Li Na Inspiration Award, un premio al espíritu deportivo que, visto hoy, parece casi una premonición.

“Me encanta Singapur. De niña competía muy a menudo aquí porque era uno de los centros del tenis en el Sudeste Asiático”, recuerda. “Además, aquí hay una comunidad filipina enorme. Tengo familiares cercanos y, cada vez que estaba en la ciudad, los visitaba”.

Esa sensación de pertenencia va más allá de su propio país. Se extiende a toda la región.

“La cultura del Sudeste Asiático en general es muy unida, y creo que encontramos ese sentido de comunidad los unos en los otros”, explica.

En el circuito, se nota. Eala se siente atraída de forma natural hacia otras jugadoras del Sudeste Asiático. Comparten referencias, códigos, bromas. Comparten, por ejemplo, los SEA Games, algo que muchas rivales ni siquiera conocen.

Esa complicidad hace que volver a la región tenga un sabor especial. Literalmente, a veces. Cuando le plantean el clásico dilema del Sudeste Asiático —balut o durián—, Eala se ríe, lo piensa… y se queda con el rey de las frutas: el durián.

El poder de verse reflejada

En la pista, sus referentes son claros. Serena Williams es su “GOAT”. Maria Sharapova la marcó desde muy joven. Pero una figura en particular la acompañó en su crecimiento: Li Na, la primera jugadora asiática en ganar un Grand Slam en individuales.

Eala sabe de primera mano lo que significa ver a alguien de tu región, de tu contexto, levantando grandes trofeos.

“Hay un poder enorme cuando ves a personas que vienen de donde tú vienes y sabes que han tenido éxito”, afirma.

Ahora, el espejo se ha girado. Cada vez más, es ella quien ocupa ese lugar para otras niñas, para otras mujeres asiáticas que encienden la televisión y ven a una filipina plantándole cara a las mejores del mundo.

Los mensajes se acumulan. Aficionados que le cuentan lo que representa para ellos verla competir en los grandes escenarios.

“Poder conectar con ellos es parte de mi trabajo y parte de mi vida, y es algo muy sentimental”, confiesa. “Me ha abierto los ojos al poder de la representación y a lo que puede hacer por la gente, cómo puede inspirar y tocar”.

Cuando mira atrás y se recuerda niña, reconoce el mismo brillo en los ojos que hoy ve en las gradas.

“Sé que pasé por esa misma inspiración con Li Na y con otras tenistas asiáticas”, admite.

Esa visibilidad también pesa.

“No voy a decir que no pesa en absoluto”, reconoce. Pero no lo vive como una losa. Lo convierte en combustible. “Lo veo como una oportunidad para crecer, para desarrollar mi carácter, para ser más valiente, para tener más confianza en mí misma”.

Más que presión, lo entiende como un reto personal: “Una oportunidad para mejorarme y para hacer mi pequeña parte devolviendo algo a la comunidad a través de la inspiración”.

Dejar el tenis mejor de como lo encontró

Eala es consciente de que su historia no empieza con ella. Llega después de décadas de mujeres empujando muros en el tenis.

“Estoy muy agradecida a todas las que han abierto el camino antes que yo”, subraya. “Cada mujer que ha jugado al tenis ha contribuido a su historia y a la progresión del deporte”.

Su ambición va más allá de los rankings o de los títulos. Quiere impacto. “Espero, a mi manera, sea cual sea, dejar el tenis mejor de lo que lo encontré”.

En ese viaje, la acompaña una legión de seguidores filipinos y del Sudeste Asiático que la persiguen por el mundo. Ella lo siente. Lo valora. Lo necesita.

“Significa muchísimo y añade mucho significado a un trabajo que ya de por sí es muy significativo y a un deporte que ya es muy significativo”, asegura. “Realmente se presentan para apoyarme, y yo hago todo lo posible por presentarme y devolverles algo”.

Ahora le toca hacerlo en Singapur, en una ciudad que la vio crecer y que ahora la recibe como estrella consagrada. Entre el ruido del circuito, los focos de un WTA 500 y las expectativas de toda una región, Alexandra Eala se planta en la pista con una idea clara: este es solo el principio de lo que quiere dejarle al tenis.