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Alex Eala y el apodo que no le gusta: el saque que inquieta al mundo

En Nueva York, en plena jornada de medios del US Open, Alex Eala sonrió, se rió… y luego se incomodó. No por una rival, ni por un cuadro complicado, sino por una palabra que ya la persigue desde Filipinas hasta las pistas más grandes del circuito.

“Fookelya”.

El término, nacido del slang gay filipino y con una referencia vulgar a la anatomía femenina, se ha convertido en un apodo viral para describir su segundo saque, mucho más lento que los cañonazos habituales en la WTA, pero sorprendentemente eficaz. Un chiste interno de aficionados que ya salió de las redes, llegó a camisetas y se coló en las conversaciones del tenis internacional.

Eala, de 19 años, escuchó la explicación de un periodista filipino en la sala de prensa y no disimuló: no le suena bien.

“Hindi siya masyadong positibong salita ’yon”, dijo, dejando claro que no lo considera un término precisamente positivo.

Después, tras oír cómo los aficionados intentan resignificar una supuesta debilidad como arma secreta, matizó. Entiende el cariño, pero no elige la etiqueta.

“Hindi ko alam kung ano ’yung pakiramdam ko sa salitang ’yon kasi it’s not a very positive term”, reconoció. En inglés, añadió que le cuesta procesar el apodo porque sabe cuánto ha sufrido con ese golpe y cuántas horas ha invertido en mejorarlo. Y remató con una frase que resume su vínculo con ese saque tan discutido: “Y amo mi saque”.

Del meme filipino al debate global

El fenómeno no nació en Nueva York. Mucho antes de pisar el US Open, los seguidores filipinos ya habían convertido el segundo servicio de Eala en un meme recurrente. El vídeo, la captura, el comentario irónico: el ritual clásico de la era digital.

El asunto dio un salto cuando salió de su ecosistema original. La comentarista Blair Henley lo llevó al Love All Podcast y describió el saque de la filipina como poco ortodoxo, sí, pero eficaz. La idea central era clara: no hace falta que se parezca al de Serena Williams para hacer daño.

El eco internacional obligó a Eala a enfrentarse al apodo de frente. Lo hizo con calma, sin regañar a nadie, sin acusar a sus aficionados de falta de respeto.

“Creo que agradecería un término más positivo”, admitió. “Pero no creo que lo digan con mala intención”.

En el fondo, el conflicto es emocional. Para su entrenador en la Rafa Nadal Academy, Joan Bosch, el saque de Eala no es un chiste: es un proyecto. Le ha pedido que lo trate como a un hermano pequeño al que hay que cuidar, guiar y proteger. Ella es la “ate”, la hermana mayor.

“Como dice mi entrenador, es como mi hermanito”, contó Eala. “Parang ate ako sa serve ko”.

Ahí se entiende por qué el apodo le roza una fibra sensible. Para ella, ese segundo saque no es un remate de meme, sino un golpe en plena evolución, al que ha aprendido a defender casi con instinto familiar.

El saque lento que desespera a las mejores restadoras

La conversación sobre su servicio se disparó cuando empezó a incomodar a algunas de las mejores restadoras del planeta.

Antes de la final de Washington, Jessica Pegula pidió a un sparring que bajara la velocidad de su saque para imitar el de Eala. Un detalle revelador: una jugadora acostumbrada a absorber potencia necesitaba entrenar justo lo contrario, generar ella misma el ritmo ante una bola más lenta y flotada.

En Wimbledon, Iga Swiatek salió del duelo con la misma sensación. Contó que Eala empezó a sacar “cada vez más lento”, cambiando por completo la cadencia de los puntos, muy lejos de los misiles que suele recibir de las grandes sacadoras del circuito.

El ex número uno Andy Roddick explicó después por qué Eala puede “salirse con la suya” con un saque así. No necesita que el servicio termine el punto. Le basta con que lo inicie. Si la restadora no impacta limpio, la filipina da un paso adelante y castiga el siguiente golpe con una derecha o un revés agresivo, redirigiendo la pelota con velocidad y precisión.

No todos ven sólo virtudes. El reputado técnico Rick Macci, el hombre que ayudó a moldear a Serena y Venus Williams, ofreció una visión más crítica antes del debut de Eala en este US Open. Elogió su movilidad y su capacidad para tomar la bola temprano, pero fue tajante con el saque: biomecánicamente, “tiene que ser reconfigurado” si quiere subir otro escalón.

Macci, además, anticipó otro factor: los nervios. Con una base de aficionados cada vez más ruidosa, habló de un auténtico “Eala Earthquake” alrededor de su estreno en Nueva York. Más ruido, más miradas, más presión sobre cada lanzamiento de pelota.

Las dos miradas, la de Roddick y la de Macci, no chocan. El estadounidense ve por qué el saque funciona hoy. El entrenador, por qué podría ser mucho mejor mañana.

Un US Open bajo la lupa… y con un apodo a cuestas

Eala llega al US Open en el mejor momento de su joven carrera: número 18 del mundo, su ranking más alto, y cabeza de serie número 17 en el cuadro individual femenino. En primera ronda se medirá a la estadounidense Mary Stoiana, procedente de la fase previa, a la que ya derrotó 7-5, 6-2 en el W100 de Landisville, Pennsylvania, este mismo 2024.

En Flushing Meadows, cada servicio será diseccionado: velocidad, colocación, ese ritmo extraño que desconcierta a quienes viven del timing perfecto. Y, casi seguro, el apodo volverá a aparecer en pancartas, en redes, en conversaciones de grada.

Eala no pide silencio ni censura. No quiere que los aficionados dejen de celebrar su saque, ni que abandonen el humor que la ha acompañado en su ascenso. Sólo reclama algo sencillo: que ese “hermanito” de su juego reciba un nombre que suene tan cariñoso como el vínculo que ella ya ha construido con él.

El resto, lo dirán las raquetas en Nueva York.

Alex Eala y el apodo que no le gusta: el saque que inquieta al mundo