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Alex de Minaur y Dane Sweeny: contrastes en el US Open

La temporada de Grand Slams de Alex de Minaur terminó donde menos lo esperaba: en la segunda ronda del US Open y con la sensación incómoda de haber retrocedido dos años en su progresión. El número 7 del mundo cayó 6-4, 7-5, 6-2 ante el peligroso neerlandés Botic van de Zandschulp en Flushing Meadows, un resultado que puede costarle el top 10 en cuestión de semanas y que confirma un declive que se arrastra desde mediados de año.

“Mi nivel hoy no fue lo suficientemente bueno. Es bastante sencillo”, admitió el australiano, sin excusas. Lo fue aún menos para un jugador que había convertido Nueva York en territorio casi propio: venía de enlazar dos cuartos de final consecutivos y no perdía tan pronto en este torneo desde hacía cinco años.

De Minaur, atrapado en su propia tensión

El partido fue una lucha interna tanto como un duelo de tenis. De Minaur se sostuvo con actitud y competitividad, pero nunca encontró el tacto con la bola. “La sensación de la pelota en las cuerdas no estaba ahí”, explicó. Lo que siguió fue un catálogo de errores impropios de su estilo habitual, sólido y disciplinado desde el fondo.

Su saque, un arma bajo sospecha desde hace tiempo, volvió a fallarle en el peor escenario. Siete dobles faltas, solo cuatro aces, 11 bolas de break concedidas y cinco rupturas sufridas. La estadística no engaña.

El punto de inflexión pudo llegar en el segundo set. Con un set abajo y 4-3 en contra, cometió una doble falta que lo dejó contra las cuerdas. Un golpe de fortuna pareció abrirle una puerta: tras una defensa brillante, un revés suyo besó la cinta y se coló en la pista de van de Zandschulp para dejarlo 15-40. Se enganchó, igualó, llegó a adelantarse. Parecía por fin metido en el partido.

Pero el holandés, que ya sabía lo que era tumbar a una gran figura en Nueva York —eliminó a Carlos Alcaraz en esta misma ronda hace dos años—, no se inmutó. Con 5-5, de Minaur resistió cuatro bolas de break en un juego eterno, hasta que una quinta oportunidad acabó por romperle. Van de Zandschulp pidió disculpas tras un golpe desviado que cayó corto y le generó el passing de derecha. El australiano, sin embargo, tuvo margen para hacer más.

Dos sets abajo, la historia decía lo que él no quería escuchar: nunca había remontado un 0-2 en 27 intentos. Esta vez tampoco. Tras pasar por vestuarios, regresó decidido a subir la intensidad, pero el plan se le desmoronó pronto. Un derechazo largo en el tercer juego le costó el servicio, desperdició dos bolas de break en el siguiente y, cuando el neerlandés volvió a romperle, el desenlace ya estaba escrito.

La derrota encaja en una tendencia preocupante. De Minaur solo ha superado los cuartos de final en un torneo desde febrero. En Wimbledon, la caída ante Flavio Cobolli le dejó hundido: habló de cómo no dar el paso adelante en ese escenario “le rompe por dentro”. Desde entonces, más gestos de frustración que victorias de peso.

Este US Open cierra su peor curso de grandes en tres años: cuartos de final en el Australian Open, tercera ronda en Roland-Garros, cuarta en Wimbledon y ahora un adiós prematuro en Nueva York. Demasiado poco para un top 10 que empieza a notar el aliento de sus perseguidores.

Sweeny, del anonimato al gran escaparate

Mientras el líder del tenis australiano se despedía abatido, otro compatriota vivía justo lo contrario en las mismas pistas. Dane Sweeny, un wildcard de 170 centímetros y número 123 del mundo, firmó la sorpresa del día al tumbar al italiano Lorenzo Musetti, dos veces semifinalista de Grand Slam, por 3-6, 6-1, 6-2, 6-2.

Un triunfo que vale su primera victoria ante un top 20, su primer acceso a la tercera ronda de un grande y, probablemente, un giro de carrera. Sweeny había llegado a Nueva York para disputar la fase previa, pero una cadena de bajas permitió que Alexei Popyrin entrara directo al cuadro principal y que el wildcard recíproco de Tennis Australia pasara a sus manos. La vida cambió con una llamada.

Ya en el torneo, aprovechó todo. Primero, su primer triunfo en un Grand Slam fuera de Melbourne Park, cuando el francés Corentin Moutet se retiró por una lesión en el brazo mientras perdía 7-6 (7-4), 6-4, 3-0. Después, un Musetti físicamente tocado, doblado sobre sí mismo en el fondo de la pista durante buena parte de los tres últimos sets, que llegó a pedir un tiempo médico fuera de la pista con 3-0 abajo en el tercero.

El italiano mostró algún chispazo de reacción, pero Sweeny no le dio aire. Cada vez que Musetti recuperó un break, lo devolvió de inmediato. El australiano no bajó ni el ritmo ni la agresividad. El cuarto set siguió el mismo guion: regalo inicial de servicio del italiano, y a remar a contracorriente otra vez.

El premio es enorme. Más de 400.000 dólares asegurados en premios, un ranking en vivo que ya lo sitúa en el número 109, la mejor posición de su carrera, y otra cita de alto voltaje con un cabeza de serie italiano, Luciano Darderi.

“Estoy muy agradecido de poder siquiera competir en Grand Slams”, dijo Sweeny, aún empapado por el momento. “El viaje en el tenis es una montaña rusa, y estoy increíblemente agradecido de jugar delante de una afición increíble y de poder disfrutar este momento. Ganar, y conseguir un par de victorias, es increíble”.

Lo más llamativo es desde dónde llega. Hace apenas dos años se tomó un descanso de varios meses, hundido por una mala racha justo cuando sentía que estaba cerca de dar el salto a la élite. Pensó, dudó, pero volvió.

“Eso es lo bonito de perseguir algo tan duro como el tenis”, reflexionó. “El tenis puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos. Solo tienes que seguir perseverando, y eso es lo que hice. No estaba obteniendo resultados durante mucho tiempo, pero hay una ley de probabilidad. Sabía que, de alguna manera, iba a girar a mi favor si seguía adelante, y lo hice. Ahora estoy aquí, y es la mejor decisión que tomé volver después de esos dos meses”.

Kyrgios, un mes de suspensión y una confesión incómoda

El día del tenis australiano en Nueva York también tuvo un capítulo fuera de la pista. La International Tennis Integrity Agency anunció que Nick Kyrgios aceptó una suspensión de un mes por consumo de cocaína fuera de competición, una sanción reducida desde los tres meses iniciales al comprometerse a entrar en un programa de tratamiento.

Kyrgios ya había pedido perdón el mes pasado a su familia, amigos y aficionados por cometer un “error enorme” cuando se conoció su suspensión provisional. Admitió ante la ITIA que consumió cocaína de forma social en una salida nocturna antes de competir en Mallorca.

La suspensión terminó oficialmente el jueves, siempre que complete el programa de tratamiento. Como parte del castigo, perdió el dinero en premios y los puntos de ranking obtenidos en el torneo de Mallorca.

Su antiguo compañero de dobles Stefanos Tsitsipas, con quien mantiene una relación tensa desde hace tiempo, aseguró tras su victoria en primera ronda del US Open que la noticia no le sorprendió y que ya conocía la situación.

Otros australianos, entre la ilusión y el desencanto

La jornada dejó más contrastes para la delegación australiana. Tristan Schoolkate, procedente de la fase previa, coqueteó con otro gran batacazo al arrebatar el primer set al finalista de Roland-Garros Flavio Cobolli, pero terminó cediendo 3-6, 6-3, 6-4, 7-5 ante el quinto cabeza de serie.

Alexei Popyrin, por su parte, se marchó con una sensación amarga. Empezó con fuerza ante el zurdo chileno Alejandro Tabilo, 25º cabeza de serie, pero se desinfló tras el primer set y perdió 2-6, 7-6 (7-4), 7-6 (7-3), 6-2.

El balance del día, sin embargo, se inclinó hacia el caos y las sorpresas. El tercer cabeza de serie Felix Auger-Aliassime también se despidió en cuatro sets frente a Karen Khachanov, mientras que nombres como Coco Gauff, Iga Swiatek, Taylor Fritz y Naomi Osaka cumplieron con su papel y avanzaron sin sobresaltos.

En medio de ese torbellino, el tenis australiano se va de Nueva York con una imagen partida en dos: un líder tocado, atrapado en dudas y errores, y un outsider que, después de años de remar en la sombra, por fin ve la ola venir hacia él.

La cuestión es clara: ¿quién marcará realmente el pulso de la próxima temporada, el top 10 que busca reencontrarse o el desconocido que acaba de descubrir que pertenece a este escenario?