Alejandro Balde: de deseo del United a suplente en el Barcelona
Alejandro Balde, en el limbo: de deseo del United a suplente fijo con Flick
El verano terminó con el nombre de Alejandro Balde circulando con fuerza por los despachos de Manchester United. El lateral del Barcelona sonó como objetivo para una cesión en los últimos compases del mercado. No se movió. Y, desde entonces, su situación en el Camp Nou se ha congelado.
El arranque de la Champions lo dejó claro. Barcelona abrió su campaña europea aplastando 5-1 a Feyenoord, una exhibición ofensiva que encendió al público y reforzó el plan de Hansi Flick. Pero en la banda izquierda hubo un detalle que no pasó desapercibido: el técnico alemán eligió a Joao Cancelo, lateral derecho de formación, para ocupar el costado zurdo. Balde, lateral izquierdo natural, vio el partido entero desde el banquillo. Otra vez.
No es un caso aislado. Desde que United intentó llevarse al defensa español en calidad de cedido durante el mercado estival, Flick no le ha dado ni un solo minuto en ninguna competición. Ha estado presente en las convocatorias, sentado siempre, sin participar. El mensaje es contundente: hoy por hoy no es una pieza prioritaria en la rotación azulgrana.
Flick ya había dejado pistas. Tras dejarle fuera de la convocatoria en la primera jornada de LaLiga, en la victoria ante Elche, el entrenador explicó públicamente que la situación iba más allá de lo puramente futbolístico.
“No, no le estoy pidiendo que se vaya”, aclaró entonces. Y relató una conversación directa con el jugador: esa misma mañana había notado “que algo no iba bien”. Le pidió que se tomara un respiro, que aclarara la mente y ordenara sus pensamientos. Balde, según el propio técnico, estuvo de acuerdo. Demasiadas cosas en la cabeza. Demasiado ruido alrededor.
El alemán, no obstante, también marcó la línea: quiere “más compromiso” del lateral de 22 años y le ha dejado claro que tendrá que pelear por su puesto. Lo ha reincorporado al grupo, sí, pero la puerta del campo sigue cerrada. Partido tras partido, la misma escena: dorsal preparado, minutos que nunca llegan.
Mientras tanto, en Old Trafford, la historia se mira desde otra óptica. Michael Carrick solo cuenta con un lateral izquierdo puro en la plantilla senior: Luke Shaw. Un pilar del once. Y un riesgo evidente.
Si el internacional inglés se lesiona, el técnico se vería obligado a improvisar. Lisandro Martínez podría desplazarse al lateral, sacrificando su influencia en el eje de la zaga. Otra opción sería mover a Noussair Mazraoui o Diogo Dalot a pierna cambiada. Ninguna solución resulta ideal para un equipo que aspira a competir al máximo nivel en Premier y Champions.
El escenario se volvió más delicado en la víspera del duelo europeo ante Sabah en Old Trafford. Shaw no se entrenó con el grupo. Una ausencia que, en cualquier otro contexto, sonaría a alarma. Carrick, sin embargo, intentó rebajar la tensión.
Explicó que simplemente le habían concedido “un día extra de recuperación” tras el último partido. Nada planificado a largo plazo, nada que sonara a problema crónico. Gestión individualizada de cargas, como se estila en la élite. “Veremos mañana cómo está”, añadió, dejando la puerta entreabierta, pero dejando entrever también que el lateral descansará pensando en el próximo Manchester Derby del fin de semana.
El contraste es llamativo: en Barcelona, un lateral joven, rápido y con mercado internacional encadena partidos sin levantarse del banquillo. En Manchester, un gigante europeo camina sobre el alambre con un solo especialista en el puesto y soluciones de emergencia en la recámara.
Balde, que hace apenas unos meses aparecía vinculado a un posible salto a la Premier, observa cómo su papel se reduce mientras Cancelo se adueña de la banda izquierda. Flick exige carácter y compromiso. Carrick, a cientos de kilómetros, cruza los dedos para que Shaw aguante sano.
La ventana de fichajes ya está cerrada. La temporada, no. Si algo se rompe en Old Trafford o algo estalla en el vestuario del Barça, el nombre de Alejandro Balde volverá a ponerse sobre la mesa. Y entonces la pregunta no será si tiene calidad, sino cuánto tiempo puede permitirse seguir siendo un espectador de lujo.






