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Adam Walton: De Home Hill a la Copa Davis

Adam Walton está a un paso de cumplir un sueño que, durante años, ni siquiera se atrevió a imaginar. Este fin de semana puede debutar en la Copa Davis con Australia, muy lejos —en todos los sentidos— de aquel niño que esperaba a que pasaran los caballos para poder entrenar en una pista perdida en el norte de Queensland.

Creció en Home Hill, un pequeño pueblo a unos 1.200 kilómetros al norte de Brisbane. Allí, él y su hermano mayor, Jack, vivían para el deporte. Daba igual la forma o el balón: rugby league, natación, tenis… cualquier cosa que se pudiera convertir en un duelo entre hermanos.

“Mi hermano es 15 meses mayor que yo; éramos muy competitivos creciendo. No era solo tenis; era cualquier deporte. Hasta jugábamos a piedra, papel o tijera para ver quién fregaba los platos”, recordó Walton.

El tenis llegó pronto. A los cinco años ya empuñaba una raqueta y se medía con Jack en la pista de cemento encajada dentro del hipódromo local. Para entrenar había que cruzar la pista de carreras, pero siempre con una condición: esperar a que pasaran los caballos para no molestarlos. Esa era su academia de alto rendimiento.

Lo curioso es que, entonces, el actual número 93 del mundo no soñaba con ser tenista profesional. Ni era una estrella juvenil ni se paseaba por los grandes torneos de menores. “De pequeño no soñaba realmente con ser tenista. Nunca fui un gran júnior australiano; nunca viajé a los slams júnior”, admitió antes de Roland Garros este año.

Un camino a contracorriente

Mientras muchos de sus contemporáneos se volcaban en el circuito júnior de la ITF, Walton tomó la salida menos transitada. En lugar de lanzarse de lleno al profesionalismo adolescente, decidió esperar. Primero, universidad. Después, ya se vería.

Aceptó la oportunidad de estudiar y competir en la University of Tennessee, en Estados Unidos. Allí, lejos de casa pero protegido por el entorno universitario, fue puliendo su juego y, sobre todo, su carácter.

“Con 18 años no habría sido bueno intentando jugar al tenis profesional”, reconoció. “Siempre he sido un poco de maduración tardía; necesitaba crecer física y mentalmente. Una vez que terminé la universidad, estaba definitivamente listo”.

La apuesta resultó ganadora. En apenas dos años como profesional, Walton irrumpió en el top 100 del ranking ATP en individuales, una escalada que confirma que su ritmo, aunque distinto al habitual, era el correcto.

Y no se ha quedado ahí. Ya ha firmado una de esas victorias que marcan una carrera: derrotó en cinco sets al ex número uno del mundo Daniil Medvedev en Roland Garros. A eso se suman cinco títulos individuales y cuatro de dobles en el circuito Challenger, una base sólida que ahora le abre las puertas de la selección.

El premio ha llegado en forma de llamada a la Copa Davis. Australia cuenta con él para la eliminatoria ante Polonia, en casa, en la Pat Rafter Arena de Brisbane.

“Juegue yo o juegue quien juegue, haré lo mejor por Australia y no puedo esperar para hacerlo aquí en Brisbane también”, aseguró.

El niño que cruzaba un hipódromo para pegarle a la pelota ahora se prepara para defender los colores de su país en uno de los escenarios más emblemáticos del tenis por equipos. El sábado y el domingo, ante Polonia, sabrá si su debut se consuma. El camino ya es extraordinario; falta ver hasta dónde puede llevarlo.