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Brutal accidente de Charles Leclerc interrumpe el GP de Italia 2026

El rugido de Monza se apagó en apenas tres vueltas. El Gran Premio de Italia 2026 quedó interrumpido de forma abrupta después de un tremendo accidente de Charles Leclerc, que terminó con el Ferrari destrozado contra las barreras y un golpe directo al corazón de los Tifosi.

El monegasco perdió el control de su coche y se fue largo hasta incrustarse en los neumáticos de protección, dejando la parte delantera del Ferrari completamente destruida. El impacto fue lo bastante violento como para provocar de inmediato la bandera roja y la detención total de la carrera.

Datos oficiales: Leclerc, clasificado como abandono tras completar solo dos vueltas.

Monza se quedó sin su gran esperanza casi antes de empezar.

De la ilusión a la pesadilla en cuestión de minutos

La jornada había arrancado con un aire distinto. Leclerc salía con la mirada fija en una victoria en casa, empujado por las gradas rojas y favorecido por un giro de guion en la parrilla.

Una sanción de los comisarios a Oscar Piastri después de la clasificación envió al piloto de McLaren hasta la sexta posición, lo que permitió a Leclerc ascender a un prometedor tercer puesto de salida. Ferrari olía la oportunidad. El ambiente era de fiesta.

Duró muy poco.

A los pocos minutos de apagarse los semáforos, la realización mostró la imagen que nadie en Maranello quería ver: el Ferrari completamente arrugado contra las barreras, paneles publicitarios de Pirelli arrancados y los comisarios de pista corriendo hacia un chasis gravemente dañado. La carrera se congeló con un mensaje frío en las pantallas: “Session Stopped”.

La tensión se trasladó al pit lane. Todos los monoplazas regresaron lentamente a boxes, mientras el eco del golpe aún retumbaba en las tribunas.

Russell toma la punta, Gasly cede, Verstappen acecha

Antes del parón, el inicio había sido tan caótico como eléctrico. George Russell reaccionó mejor que nadie y le arrebató el liderato al polesitter Pierre Gasly con una salida contundente. El Alpine, que había sorprendido el sábado, cedió la posición ante el empuje del Mercedes.

Max Verstappen, siempre al acecho, se acomodó en la tercera plaza, listo para entrar en juego en cuanto la carrera se estabilizara. Pero el accidente de Leclerc cambió el guion de golpe. La prioridad dejó de ser la estrategia para convertirse en una sola pregunta: ¿está bien Charles?

Ferrari se queda con un solo baluarte

Con Leclerc fuera, toda la responsabilidad deportiva de Ferrari en su gran premio de casa recayó sobre Lewis Hamilton, el único coche rojo que quedaba en pista.

Desde el habitáculo, el británico no tardó en preguntar por su compañero. La radio recogió el intercambio esencial, breve, cargado de preocupación:

Lewis: “Is he okay?”

Ingeniero de carrera: “Yes, he is okay.”

Un suspiro de alivio dentro del garaje, un murmullo de respiro en las gradas. El coche quedó destrozado, pero las noticias sobre el estado físico del piloto fueron tranquilizadoras.

Ahora, con Leclerc eliminado y el público aún digiriendo el golpe, Ferrari se ve obligado a cambiar de objetivo sobre la marcha: ya no se trata de soñar con la victoria en Monza, sino de salvar los máximos puntos posibles con Hamilton en solitario.

El templo de la velocidad esperaba una tarde de gloria roja. Se ha encontrado, de nuevo, con la crudeza imprevisible de la Fórmula 1.