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Aatif Nawaz critica decisiones del PCB tras derrota en Lord’s

El Lord’s Test dejó a Pakistan con una derrota por 2-0 ante England y destapó un viejo reflejo de pánico en el Pakistan Cricket Board (PCB): barrerlo todo. Jugadores, entrenadores, proyecto. Todo por los aires en una sola decisión.

Desde la cabina de comentaristas, una voz conocida en el cricket británico-pakistaní levantó la ceja. Aatif Nawaz, periodista de la BBC, no compró el relato oficial. No esta vez.

Siete jugadores fuera, dos entrenadores despedidos

Tras confirmarse la serie en Lord’s, el PCB reaccionó con una medida drástica: siete jugadores enviados a casa, el seleccionador principal Sarfaraz Ahmed fuera, y el entrenador de bolos Umar Gul también despedido, justo antes del tercer Test en Edgbaston, ya un “dead rubber”. Cinco debutantes fueron convocados a toda prisa.

El diagnóstico sobre el bateo era evidente. Pakistan no logró superar los 200 runs en ninguna de sus cuatro entradas de la serie. Un desplome. En eso, Nawaz no discutió. La cuestión, para él, estaba en otro lado: ¿por qué castigar al único departamento que sí había respondido?

En el podcast For The Love Of Cricket, compartiendo mesa con Stuart Broad y Jos Buttler, el comentarista apuntó directo al corazón de la decisión.

“¿Qué ha hecho el entrenador de bolos?”

Nawaz centró su crítica en la salida de Umar Gul, el hombre responsable de un ataque que, pese al caos con el bate, sí hizo su parte del trabajo.

“Deshazte de tu seleccionador principal, deshazte de tu entrenador de bolos. ¿Qué ha hecho el entrenador de bolos? Sus bowlers tomaron los wickets. Tomaron todos los wickets”, señaló. “Al menos los bowlers en Lord’s consiguieron los wickets. Parecía el tipo de movimiento que haces cuando solo intentas apaciguar las voces enfadadas en tu país”.

La imagen es clara: un equipo que no batea, un ataque que sí responde, y aun así el entrenador de bolos termina en la lista de despedidos. La lógica deportiva cede terreno ante la necesidad de mostrar mano dura.

Una selección que cambia de piel cada semana

Nawaz encuadró este episodio dentro de un patrón que Pakistan arrastra desde hace años: inestabilidad crónica. Cargos que cambian, jerarquías que se mueven de un partido a otro, y una sensación de que nadie tiene el puesto asegurado.

“Es muy difícil seguir quién es el entrenador de bateo, quién es el entrenador de bolos, quién es tu seleccionador jefe, quién es tu capitán, quién es tu vicecapitán”, explicó. La referencia a Salman Agha lo dice todo: “Puede ser capitán en un partido y el jugador número 12 en el siguiente, como descubrió Salman Agha en esta serie”.

Hay, admite Nawaz, una defensa posible para el PCB: el tercer Test no se jugaba la serie. “Es un dead rubber. Podrías decir que, si juegas con los mismos once, England volvería a dominar. Así que tienes que intentar algo drásticamente diferente. Esa es la defensa del movimiento, supongo”, concedió.

Pero la concesión dura poco. Para él, el problema real no está en Edgbaston, sino en lo que viene después.

El mensaje envenenado para la próxima generación

La preocupación de Nawaz va más allá de los nombres que suben o bajan del avión esta semana. Mira a los jóvenes que sueñan con jugar Test cricket para Pakistan y se pregunta qué lectura harán de todo esto.

“¿Qué tipo de mensaje estás enviando a la próxima generación de jugadores de cricket de Pakistan que quieren jugar red-ball cricket para Pakistan? ¿Por qué querrían hacerlo?”, planteó. Si no hay seguridad alguna en el formato largo, su pronóstico es claro: los talentos del futuro priorizarán el white-ball cricket y el T20.

No es una amenaza vacía. Pakistan ya pierde jugadores hacia el circuito de franquicias. El Test cricket no ofrece el mismo dinero y, a la vista de esta reacción, tampoco la misma estabilidad. Cuando una junta directiva despide a siete jugadores y dos entrenadores en un solo anuncio tras una mala semana, refuerza exactamente los temores que Nawaz describe.

El caso que no se borra: Abbas brilla, Gul cae

Hay un dato que resume la paradoja. En Lord’s, Mohammad Abbas se llevó nueve wickets y escribió su nombre en el honours board del estadio. Una actuación que cualquier ataque de Test firmaría sin dudar.

Pocos días después, el hombre que dirigía ese grupo de bowlers, Umar Gul, estaba fuera del cargo.

Las carencias con el bate son innegables. El colapso de la alineación, también. Pero castigar precisamente al área que funcionó apunta a otra cosa: una respuesta dictada por la ira pública, no por un análisis frío de lo que salió mal.

En un cricket mundial donde el Test ya lucha por su espacio, decisiones como esta no solo golpean a un vestuario. Golpean a una idea: la de que jugar cinco días para tu país merece la pena. Y esa, para Pakistan, puede ser la pérdida más costosa de todas.